Legisladores tailandeses eligieron el viernes a Yingluck Shinawatra, una empresaria educada en Estados Unidos, como la primera mujer en ocupar el cargo de primer ministro.

Con la elección se allanó el camino para que la política de 44 años se haga cargo de una volátil nación que se ha visto profundamente dividida desde que su hermano fue derrocado en un golpe de estado en 2006.

Sin embargo, antes de que Yingluck pueda asumir el puesto de manera oficial, el rey Bhumibol Adulyadej debe refrendarla en una ceremonia por separado que podría realizarse el viernes en la tarde.

La votación sucede un mes después de que el partido Pheu Thai de Yingluck arrasó en las elecciones del 3 de julio al obtener una absoluta mayoría de los 265 escaños en la cámara baja de 500 legisladores en el Parlamento. Desde entonces, el Pheu Thai ha consolidado esos triunfos con la creación de alianzas con partidos más pequeños para formar una fuerte coalición de 300 escaños parlamentarios.

Pero el pueblo tailandés sigue dividido y Yingluck enfrentará el reto inmediato de mantener al país libre de las agitaciones — algunas de ellas violentas — que ha atestiguado desde que el ejército derrocó a su hermano Thaksin Shinawatra, quien se encuentra en el exilio.

Para hacerlo, debe navegar en complejos terrenos políticos y encontrar un delicado equilibrio entre un ejército propenso a dar golpes de estado y la clase dirigente de elite por un lado y el llamado movimiento de los Camisas Rojas por el otro. Los Camisas Rojas la ayudaron a llegar al poder y quieren ver que la justicia se cumpla por la sangrienta campaña militar que terminó con sus protestas en Bangkok el año pasado.

Varios analistas dicen que la clara victoria del partido Pheu Thai el mes pasado impulsó los prospectos del país para lograr estabilidad a corto plazo, pero esa luna de miel podría durar sólo unos cuantos meses.

"Para reforzar la estabilidad en su gobierno, Yingluck debe encontrar una forma de trabajar en armonía con el ejército y los poderes conservadores", dijo Siripan Nogsuan Sawasdee, profesor en la Universidad Chulalongkorn de Bangkok.

No será fácil.