Alice Di Giovanni, de un añito, pide una "banane" con inconfundible acento francés. Suelta un "ciao" bien italiano al despedirse y, si quiere más de algo, dice... "más".

Alice es parte de un creciente número de niños estadounidenses que viven en casas donde se hablan otros idiomas además del inglés y sus padres quieren que aprenda tantas lenguas como pueda. Su madre --una canadiense de ascendencia polaca-- le habla en francés, su padre en italiano y su niñera hondureña en español.

"Mezcla todo un poco, pero sé que entiende los tres idiomas", dice su madre, Anna Manikowska.

Alice sabe bastante inglés también, ya que es la lengua dominante y además va a una biblioteca donde leen cuentos para niños en inglés, señala Manikowska. Por si esto fuera poco, sus abuelos le hablan en polaco en videollamadas vía Skype.

Según el censo nacional, en 1980 apenas el 11% de los estadounidenses vivían en casas donde se hablaba otro idioma además del inglés. Para el 2007, el 20% lo hacía.

En algunas de esas viviendas, inmigrantes adultos tal vez no sepan inglés lo suficiente como para enseñárselo a sus hijos y le hablan en sus idiomas originales por necesidad, no por opción. Pero las cosas cambian cuando los padres hablan varios idiomas.

Mientras que en el pasado con frecuencia los padres querían que sus hijos dejasen de lado la lengua madre y hablasen solo inglés para asimilarse más rápidamente, hoy ven los beneficios que implica saber más de un idioma y tratan de estimular a sus hijos para que hablen más de una lengua.

El hablar otros idiomas no solo ayuda a preservar la cultura de la familia y puede abrir oportunidades laborales en una economía cada vez más global, sino que estudios científicos indican que ser bilingüe es bueno porque hace que el cerebro sea más flexible. Un estudio señaló incluso que hablar más de una lengua puede demorar la llegada del mal de Alzheimer.

Los padres que quieren que sus hijos sean plurilingües con frecuencia mencionan métodos como OPOL (one parent, one language, o un padre, una lengua) y mL(at)H (minority language at home, o lenguaje de minoría en casa). Estos métodos son tema de continuo debate entre padres y educadores.

Manikowska dice que prefiere que la gente le hable a Alice en su lengua madre y no en un idioma que no les fluye naturalmente.

Los últimos estudios afirman que los niños, incluso a temprana edad, se dan cuenta cuando un adulto se siente cómodo en el idioma que habla. También indican que cuesta corregir las fallas cuando alguien aprende mal una nueva lengua.

Valerie Berset-Price, consultora internacional de asuntos económicos que estudió el tema del poliglotismo cuando concedía becas para una escuela de francés en Portland, Oregón, dice que adhiere a la teoría de que el cerebro le asigna un idioma a cada persona. Si una madre le habla a su hijo en mandarín, cuando el niño escucha su voz, su cerebro automáticamente sintoniza con el mandarín y tiene que hacer un esfuerzo para hablarle en otro idioma. Por eso los expertos subrayan la importancia de hablarle al hijo en una lengua específica.

Berset-Price le habla exclusivamente en francés a su hija Collette, de siete años. Cuando la niña recibe amiguitas, Berset-Price le habla en francés y le pide que le traduzca a sus amigas, o le habla en francés a ella y en inglés a las demás.

"No es sencillo", dice Berset-Price, pero agrega que es la única forma de garantizar que Collette va a aprender correctamente más de un idioma.

Yelena McManaman, de Raleigh, Carolina del Norte, dice que le enseñó a su hijo Mark a ser bilingüe evitando los errores en que observaba en sus conocidos. Muchos de los hijos de sus amigos entienden cuando les hablan en ruso pero responden en inglés. Cuando Mark le dice algo en inglés, ella le pide que lo repita en ruso. Si el niño no sabe cómo decirlo, ella se lo traduce para que aprenda.

"Jamás le respondo en inglés", ni siquiera en público, asegura McManaman.

Si lo hiciese, acota, "confundiría a mi hijo y le haría pensar que en público es mejor hablar inglés. Por eso soy muy estricta al respecto".

McManaman no se preocupó cuando a los dos años, el vocabulario de Mark se limitaba a unas pocas palabras, porque sabía que estaba procesando dos idiomas al mismo tiempo. Tampoco se inquietó si mezclaba las dos lenguas en una misma oración. Muchos amigos se asustaron cuando sus hijos se demoraban en hablar o mezclaban las lenguas y dejaron de hablarles en ruso. Pero hacia los dos años y medio, Mark construía oraciones enteras en ambos idiomas, sin confundirlos. Hoy Mark tiene cuatro años y le habla en perfecto ruso a su madre y en perfecto inglés a su padre.

La madre de Mark admite que hay casos en los que la demora en comenzar a hablar puede revelar un problema, pero cree de todos modos que "muchos padres desisten de enseñarles a sus hijos dos idiomas muy rápido".

Los expertos recomiendan insistir en los dos idiomas. En su nuevo libro "SuperBaby: 12 Ways to Give Your Child a Head Start in the First 3 Years" (Superbebé: 12 formas de encaminar tempranamente a su hijo en los primeros tres años), Jenn Berman enumera los beneficios de ser bilingüe: coeficientes intelectuales más altos, mayor capacidad de resolver problemas, mejor aprendizaje de idiomas, más conocimientos de matemáticas, mayor sensibilidad cultural y mejor potencial de ganar dinero.

Berman recomienda hablarle al hijo en otro idioma por más que el padre no lo domine a la perfección. "Cualquier contacto con otra lengua es mejor que ningún contacto", expresó.

La autora recomienda otras formas de familiarizar a los hijos con distintas lenguas: contratar niñeras que hablen otros idiomas además del inglés; si se va a enrolar al hijo en una clase de música, enrolarlo en una de música española, por ejemplo. Y enviarlo a escuelas bilingües.

"Exponerlo a otro mundo y a otras culturas es un regalo enorme que se le hace al hijo", sostuvo Berman. "Y es muy importante en el mundo en que vivimos".