Dentro del ciclo dedicado al compositor austríaco Gustav Mahler por la mexicana Orquesta Sinfónica de Minería, uno de los conciertos más esperados era el de "La canción de la tierra" porque significaba el retorno al país de Ramón Vargas, uno de los tenores de mayor prestigio y actividad en la actualidad.

Vargas, la mezzo rumana Ruxandra Donose y el director principal de la orquesta Carlos Miguel Prieto brindaron el domingo la última de tres funciones de esta magna obra de Mahler, llamada "sinfonía para voz aguda, voz grave y orquesta", en la bella sala Nezahualcóyotl de la Universidad de México, de excelente acústica.

"La canción de la tierra" presenta un enorme desafío tanto para el concertador como para los cantantes, particularmente el tenor, que deben hacerse oír por encima de la enorme orquesta mahleriana, con su gran sección de alientos.

Ese fue un problema para Vargas: su voz se escuchó en todo su esplendor en el tercer movimiento ("De la juventud"). En cambio, en largos pasajes del primero ("Canto báquico de la miseria de la tierra") y en el final del quinto ("El borracho en primavera") su voz resultó casi inaudible, al menos en la sección alta del teatro.

Vargas es un tenor lírico, uno de los más destacados mundialmente en el repertorio italiano belcantista, aunque también se ha elogiado mucho en papeles mozartianos. Precisamente en los próximos días cantará en "El elixir de amor" de Donizetti en Guanajuato, México.

Mahler parece ser un nuevo punto de partida para el cantante: al menos, no aparece en su repertorio y discografía de su página de internet.

La mezzosoprano Donose, quien ha grabado esta pieza en varias ocasiones sí se lució en sus tres intervenciones, particularmente en la dificilísima sexta parte, casi tan larga como todo el resto de la obra.

Su voz de tonalidad oscura profunda y expresiva fue "dulcísima" — como está marcado en la partitura — en la cuarta parte ("De la belleza") y espléndida en la sexta ("La despedida").