Más de 16.000 refugiados somalís que huyen de la hambruna en su país viven en medio de la nada por la saturación de los campamentos en Kenia, advirtió hoy la ONG defensora de los derechos de la infancia Save the Children.

"El número de refugiados que huyen de la crisis alimentaria en Somalia es tan elevado, que existe un retraso de más de 16.000 personas por identificar en las entradas de los campos de refugiados de Kenia", afirma la ONG en un comunicado emitido en Nairobi.

Esos refugiados, precisa la nota, "se ven obligados a vivir fuera y en medio de la maleza, en refugios improvisados con los materiales que van encontrando".

Además, "las familias, muchas de ellas con niños pequeños, están viviendo sin las mínimas condiciones de higiene y lejos de las clínicas, las escuelas y otros servicios", subraya la organización.

Save the Children explica que el retraso en la identificación de estas personas se debe a "la falta de funcionarios trabajando en el proceso de registro", y hace un llamamiento a las autoridades de Kenia para aumentar los recursos en los campos.

"Todos los niños y niñas que huyen del hambre y la guerra en Somalia llegan exhaustos al campo, pero aferrados a la vida. Tenemos que hacer algo más que obligarles a vivir entre la maleza", remarcó el responsable de la ONG en Kenia, Prasant Naik.

El campo de refugiados de Dadaab (este de Kenia), que tiene capacidad para 90.000 personas, alberga actualmente a más de 400.000, la mayoría somalíes, lo que convierte ese espacio en el mayor campamento de refugiados del mundo.

El pasado 20 de julio, la ONU declaró oficialmente el estado de hambruna en dos regiones del sur de Somalia, Bakool y Baja Shabelle, algo inédito en este país durante las últimas dos décadas.

Casi la mitad de la población somalí, unos 3,7 millones de personas, padece una crisis humanitaria, de los cuales 2,8 millones residen en el sur, indican los datos de las Naciones Unidas

La sequía que azota al Cuerno de África es la peor en la región de los últimos sesenta años y sus devastadores efectos mantienen en situación crítica a unos 11 millones de personas, según la ONU.