La mayoría de los días son trabajadores, ya sea en la construcción, como pintores o como ayuda doméstica.

Pero dos veces al año este grupo de jornaleros se transforman en actores de un grupo de teatro callejero itinerante que actúa en los mismos centros laborales donde se reúnen en busca de empleo en todo el sur de California.

Con una mezcla de humor subido de tono y un mensaje serio sobre abusos de los empleadores, el grupo llamado Teatro de Jornaleros sin Fronteras con sede en Los Angeles ha ayudado a enseñar a los inmigrantes sin permiso para trabajar y con poca educación o conocimiento de la ley sobre sus derechos en Estados Unidos.

Algunos que apoyan una mayor seguridad fronteriza se preguntan si este esfuerzo no alienta la inmigración sin permisos. Sin embargo, quienes están a favor dicen que el grupo y otros parecidos en todo Estados Unidos han hecho más para educar y dar certeza que cualquier lectura o panfleto al respecto.

"Cuando lo llevan a las calles, a las esquinas, utilizan el mismo lenguaje que usan los jornaleros porque lo conocen", dijo Pablo Alvarado, director ejecutivo de la Red Nacional para Organización de Jornaleros, que ayudó a fundar el grupo de teatro. "Al minuto de que empiezan a hacer esto, la gente se reúne sin más".

El grupo comenzó hace tres años cuando los jornaleros se encontraron en el corazón de un acalorado debate sobre la inmigración sin permisos. Ahora, el grupo ayuda a echar a andar otros grupos en San Francisco y Maryland, mientras otra agrupación similar ya existe en Nueva Orleáns.

En una reciente mañana entre semana, más de 30 jornaleros esperando conseguir trabajos en construcción en un sitio de contratación en Los Angeles entraron y se sentaron en sillas plegables para ver la primera presentación de una gira estival de dos semanas del grupo de teatro.

El primer cuadro dramático se llamó "Esclavitud moderna". Dos actores en uniformes azules se apresuraron hacia el frente del centro de contratación, donde el espacio ha sido reservado para improvisar un escenario. Cayó una lluvia de chistes con insinuaciones sexuales y jerga jornalera, cuando ambos actores empezaron a quejarse de las condiciones de su empleo limpiando oficinas en el que un jefe abusivo intenta que su subordinada femenina hiciera algo más que fregar los pisos.

Interpretado por otro jornalero, el jefe ladrando en inglés y con traje observa a la mujer mientras ella friega el piso — generando carcajadas de la audiencia, en su mayoría formada por hombres. Pero cuando el jefe le hace proposiciones a la mujer y amenaza con llamar a las autoridades de inmigración si se atreve a reportarlo con la policía, los trabajadores que veían el espectáculo dejaron la risa para alargar las caras.

Los actores dijeron que la trama, armada en conjunto durante los ensayos, la hicieron a partir de sus propias experiencias — por lo que los trabajadores podían identificarse con ella.

"La mayoría de nosotros que venimos acá, mucho no acabaron la escuela", dijo Próspero León, un pintor de 62 años de edad oriundo de Guatemala cuya cara se iluminó en los pasajes cómicos de la puesta en escena. "Ellos están interesados en conocer sus derechos".

La idea del grupo de teatro data de una producción de 2007 sobre experiencias de jornaleros titulada "Los ilegales" realizada por la compañía teatral Cornerstone, una organización sin fines de lucro con sede en Los Angeles que ayuda a realizar teatro comunitario. Varios trabajadores actuaron en la obra escrita por el director artístico de Cornerstone Michael John Garcés, y posteriormente uno de ellos adaptó el texto para montarlo en una conferencia de jornaleros cerca de la capital estadounidense.

Eso preparó las cosas para la formación de un grupo teatral por y para jornaleros bajo el tutelaje del inmigrante salvadoreño trabajador convertido en director artístico, Juan José Magandi. En la década de 1990 los jornaleros habían creado un grupo teatral itinerante pero tuvieron problemas con la logística y el elenco se disolvió.

"En nuestros países, el teatro es para movimientos muy elitistas", dijo Magandi. "Tratamos de hacer teatro desde abajo. Por eso usamos su vocabulario, el estilo y compartimos las experiencias".

Garcés, que asesora al grupo actualmente y ha ayudado a traer expertos en manejo de voz y actuación, dijo que la tradición del teatro callejero en América Latina y los fieros discursos en el debate migratorio hicieron que el teatro sea el medio propicio para el tema.

Alvarado, de la Red Nacional para Organización de Jornaleros, dijo que la retroalimentación de la audiencia ha sido anecdótica, pero positiva. El grupo ha sido financiado por la organización y con becas de grupos como la Ford Foundation y la Open Society Foundations con casi 80.000 dólares al año.

A una persona se le paga por ayudar a que funcione la compañía y los actores reciben 75 dólares al mes para pasajes de autobús para llegar a los ensayos y se les da un estipendio de 50 dólares diarios cuando actúan, dijo Lorena Morán, la subdirectora artística del grupo.

Apenas media docena de actores actuarán dos obras diferentes en 10 centros laborales hasta el 29 de julio. El grupo ensaya dos veces a la semana durante tres o cuatro meses antes de cada gira.

Algunas personas a favor de medidas de seguridad migratoria más estrictas cuestionan si este esfuerzo va demasiado lejos, argumentando que esas actuaciones no debería alentar a los trabajadores a romper la ley.

"Siempre es bueno para la gente conocer sus derechos, pero también tenemos que ser cuidadosos porque no estamos alentando la inmigración ilegal", dijo Steven Camarota, director de investigación en el Centro de Estudios de Inmigración, con sede en Washington.

En Los Angeles, los organizadores dijeron que las obras pueden ser terapéuticas para los trabajadores que suelen ser reacios a compartir experiencias de abuso laboral, discriminación y soledad. Las representaciones también levantan el ánimo de aquellos que se han unido al grupo en la rotación de actores, que actualmente tiene unos 12 miembros, aunque no todos actúan en cada gira.

Morán dijo que el grupo la salvó de una depresión cuando llegó a Estados Unidos de Guatemala. Ella laboraba en empleos de construcción y se ponía afuera de la tienda Home Depot, frecuentemente la única mujer en esa línea de trabajo.

"El teatro es lo que me regresó a la vida", dijo Morán, una mujer de 39 años graduada de la universidad, que empezó como actriz voluntaria y ahora le pagan por administrar al grupo de tiempo completo.

Juan Romero, de 49 años, dijo que él era tímido antes de unirse al elenco, aunque siempre le gustó cantar y escribir poesía. Ahora, este inmigrante salvadoreño dice sus parlamentos con facilidad, y piensa que esa confianza ha invadido su vida real como jardinero y obrero de construcción.

Durante una puesta en escena reciente en Los Angeles, Romero actuó el papel del trabajador inmigrante cuya esposa es acosada por el jefe de la pareja. Cuando su personaje supo lo que realmente pasaba, la defendió incluso aunque ambos perdieron su empleo en el proceso.

"El mensaje que mandamos es que somos jornaleros y tenemos derechos", dijo Romero. "No podemos dejarnos pisotear por otras personas, no importa lo pobres que seamos".