El director venezolano Gustavo Dudamel, que inicia hoy en el Festival de Salzburgo una gira por Europa con la Orquesta Simón Bolívar, defiende en una entrevista con Efe la vigencia de la música clásica que, a su juicio, permite "un acceso directo a la belleza".

Con apenas 30 años, el director de la Filarmónica de Los Ángeles ha rejuvenecido la música clásica con un torrente de pasión y energía que ha conquistado a gigantes de la batuta como Simon Rattle y Claudio Abbado, que ven en él a alguien capaz de revitalizarla y ampliar su público.

Dudamel es también el rostro más conocido del milagro musical que conforma el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, fundado hace 36 años por Jose Antonio Abreu y que ha dado formación melódica gratuita a cientos de miles de niños desfavorecidos.

El joven maestro tiene claro cuál es el origen de la mala imagen que acompaña a la música clásica: "El elitismo al cual ha estado ligada", que a su juicio ha hecho que el público la haya visto "como algo inaccesible", y hasta aburrido.

Por eso, sus ideas son claras: hay que llevar la música a la gente para poder deshacer la imagen de que provoca bostezos.

"Lo realmente importante es que el pueblo, la gente, tenga acceso a la música al más alto nivel. Y que vea que está hecha por jóvenes y también por orquestas profesionales", afirma.

"En la visión de muchas personas, el arte es un trabajo. Y un trabajo muy aburrido. No sabiendo que cada arte surge de una inspiración, parte de la creatividad y de algo que realmente es mágico", agrega.

Esa magia se produce, por ejemplo, en la "recreación" única de partituras que han sido interpretadas una y otra vez, y que en algunos casos se compusieron hace siglos.

En los ensayos, donde ejerce de director, pero también de mentor y pedagogo de una orquesta de jóvenes de 20 a 28 años, Dudamel se esfuerza en que la música no solo se interprete bien, sino que transmita y proyecte sentimientos y energía.

La importancia de la música -asegura- es que ofrece "un acceso absolutamente directo a la belleza", que "hace al ser humano más sensible" y expande sus fronteras espirituales.

Pero para cruzar esas fronteras, la música sinfónica, que es "un arte colectivo", como recuerda, educa en la disciplina y en el afán de superación permanente.

"Una orquesta es una comunidad, donde la interacción es permanente, y el entendimiento debe de ser permanentemente mutuo. Siempre escuchando y siempre creciendo juntos. Eso inclusive tiene que ver con el nivel. Eso te obliga a impulsarte", sostiene.

También la pasión es un ingrediente indispensable: "Si no tienes pasión nunca vas a conseguir la disciplina. Y sin disciplina puedes tener mucha pasión, pero nunca puedes llegar a nada. Ambos términos están unidos, son un mismo concepto en el arte".

"Eso está dentro de lo que la música puede dar, la disciplina.

El director apunta que la música, además, "exige estar al tanto de miles de cosas alrededor del arte: filosofía, historia...".

Dudamel se define como "uno más de la familia" que conforma la orquesta Simón Bolívar, la punta de lanza del empeño colectivo de la red nacional de orquestas de Venezuela, y se alegra por "la oportunidad de crecer juntos y poder crear algo en comunidad".

"Es algo único lo que se está haciendo en Venezuela. Yo soy parte de ello, soy uno más. La verdadera razón de todo esto es el maestro Abreu, el que tuvo la visión, el empeño y la pasión por crear todo esto", resalta.

Abreu, premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2008, fue homenajeado ayer en Salzburgo, donde se le concedió la Cruz de Honor austríaca de las Artes y las Ciencias.

El Festival de Salzburgo anunció ayer que las entradas de los conciertos de la Simón Bolívar están agotadas desde hace semanas y que en 2013 pretende traer un amplio programa con varias orquestas infantiles y juveniles, así como un coro de niños discapacitados que forman parte del proyecto musical venezolano.