Querido votante: ¿quiere saber por qué los legisladores demócratas y republicanos tienen tantos problemas para resolver grandes problemas como el tope de deuda, los servicios de salud y Seguridad Social?

Mírese en el espejo.

Los estadounidenses se quejan de políticos pusilánimes que sólo velan por sus intereses, y el Congresos sin duda tiene sus momentos y sus miembros débiles de carácter. Pero los votantes pasan por alto su propio papel en el estancamiento legislativo que impide a la nación resolver grandes problemas como la inmigración, la estabilidad a largo plazo para Medicare y, ahora, el tope de deuda.

He aquí la verdad: la abrumadora mayoría de senadores y representantes en la Cámara hacen lo que su electorado quiere que hagan. O, dicho en otras palabras, responden a los habitantes de sus distritos que se tomaron la molestia de votar. Para los políticos, nada es más preciado que la reelección, y la mayoría tiene un agudo sentido para detectar cuando navegan aguas peligrosas.

Para un creciente número de senadores y representantes, el único riesgo está en las elecciones primarias de su partido, no en la elección general. La mayoría de los votantes y muchos medios noticiosos no prestan atención a las primarias. Eso da el control a un relativo puñado de liberales acérrimos (en las contiendas demócratas) y de conservadores intransigentes (en las republicanas).

En distritos políticamente balanceados, un nominado de extrema derecha o extrema izquierda tendría dificultades en la elección general, cuando acuden muchos votantes independientes y de centro. Pero muchos distritos de la Cámara de Representantes no están balanceados hoy, gracias en gran parte a la división legislativa tendenciosa y la inclinación que tienen los estadounidenses a vivir y trabajar cerca de personas que comparten sus puntos de vista y valores.

El resultado son distritos tan sólidamente conservadores que ningún nominado republicano podría perder, o tan firmemente liberales que cualquier demócrata ganaría. En estos distritos, la elección primaria es la que más importa.

Los legisladores republicanos están en constante presión para inclinarse hacia la derecha para asegurarse de que ningún conservador recalcitrante sea más atractivo a los ojos de los votantes de las primarias. Lo mismo ocurre para los demócratas con la izquierda.

Por ello, los demócratas y republicanos que llegan al Capitolio no pueden comprender el punto de vista político del otro, muchos menos aceptarlo a fin de negociar puntos medios en grandes problemas.

Pero ¿qué pasa si un republicano y un demócrata deciden ceder con el ánimo de hallar, digamos, una solución para mantener la viabilidad de Seguridad Social en las próximas décadas?

En algunos estados y distritos, pueden esperar ser segregados ignominiosamente del partido por el crimen de pactar con "el enemigo". Eso le pasó el año pasado a Bob Bennett, de Utah, un senador republicano. Un pequeño número de activistas conservadores lograron evitar que ganara la nominación republicana durante una convención. Bennett había votado en favor del rescate bancario bipartidista propuesto por el presidente republicano George W. Bush. Los líderes republicanos en el Senado también votaron en favor de la iniciativa. Pero era un compromiso inaceptable a los ojos de los republicanos de Utah que elegían a su nominado al Senado.

Los líderes del movimiento conservador del tea party han lanzado advertencias en sus constantes manifestaciones en Washington.

"El mensaje es que los estamos observando, y queremos que voten con base en nuestros valores", dijo Mark Mackler, un cofundador del grupo Tea Party Patriots (Patriotas del Partido del Té), en uno de esos eventos.

El movimiento debe su nombre al llamado "Motín del Té", una protesta realizada en 1773 en Boston, cuando los residentes de la entonces colonia británica abordaron barcos en el puerto de la ciudad y arrojaron su carga de té al agua, en un desafío a los impuestos de la Corona.

Cuando los líderes demócratas tenían problemas para forjar un acuerdo presupuestario este años y evitar un cierre del gobierno, Phil Kerpen, del grupo conservador Americans for Prosperity (Estadounidenses por la Prosperidad) dijo sin tapujos: "Será mejor que ningún republicano los ayude". La multitud lo vitoreó.

Tales amenazas están dirigidas a los republicanos por ahora, principalmente debido al rápido ascenso del Tea Party. Pero los legisladores demócratas también saben que el descontento liberal los puede alcanzar si se acercan demasiado al centro.

Una encuesta de McClatchy-Marist de este año descubrió que 71% de los votantes registrados quieren líderes políticos en Washington que negocien soluciones para lograr avances. Pero si esos votantes no participan en las primarias, podrían tener poca influencia sobre el tema.

A la gente quizá no le guste la idea de que tenemos el gobierno que nos meceremos. Pero hay poco que refutar a la noción de que tenemos el gobierno que hemos elegido.