El presidente de Costa de Marfil aseguró no saber nada de la masacre cometida por sus fuerzas de seguridad un día después de que asumió el puesto, y defendió a un alto oficial acusado de otras atrocidades como uno de los mejores soldados del país.

El presidente Alassane Ouattara, cuyo triunfo electoral en noviembre fue seguido por un conflicto violento de cuatro meses con el ex mandatario del país, dijo a The Associated Press en una entrevista el viernes que cualquiera que sea hallado culpable de haber cometido atrocidades será castigado, sea cual sea su cargo.

"Estoy en contra de la impunidad", afirmó.

Sin embargo, un informe de Amnistía Internacional difundido el miércoles acusa a las Fuerzas Republicanas de Ouattara de continuar cometiendo actos de violencia e intimidación contra grupos étnicos a los que se percibe como defensores de su antecesor, Laurent Gbagbo.

Un informe de Human Rights Watch difundido en junio alegó que fuerzas leales a Outatara mataron a unas 149 personas percibidas como seguidores de Gbagbo. El organismo activista citó a un testigo que dijo que un comandante leal a Outtarra, Cherif Ousmane, ordenó la ejecución de 29 detenidos. Otros dos dijeron haber visto a Ousmane en un vehículo que "desechó el cuerpo torturado e ejecutado de un infame líder de una milicia".

"Eso no puede ser verdad", dijo Ouattara el viernes. "Cherif Ousmane es uno de los mejores soldados".

Agregó que, de hecho, los soldados que sirven bajo Ouasmane son conocidos por ser bien entrenados, cordiales y amables.

"En todo caso, si descubrimos que alguien ha cometido atrocidades, esa persona será juzgada de manera apropiada y se impondrán sanciones", dijo el presidente. Agregó que piensa que el informe estuvo basado en entrevistas con mercenarios.

Pero la violencia reciente, incluida otra masacre — la de unas 47 personas a orillas del río Cavally — por lo menos crea la interrogante de si Ouattara tiene algún control sobre las fuerzas que ayudaron a colocarlo en el poder.

"Si el presidente Ouattara habla en serio sobre la justicia imparcial, necesita asegurarse de que los líderes de sus fuerzas de seguridad no tengan las manos ensangrentadas", dijo Matthew Wells, autor del informe de Human Rights Watch.