Una tripulación confundida y sin la preparación para evitar un desastre a gran altitud efectuó maniobras equivocadas, no compartió tareas y quizá no estaba consciente de que su vuelo terminaría en el océano Atlántico.

Las alarmas que advertían pérdida de sustentación aerodinámica y lecturas de velocidad incoherentes debido a fallas en los sensores, así como el clima tormentoso en un cielo oscuro y un creciente estrés conforman el escenario caótico de la cabina en los últimos momentos del vuelo de Air France del 1 de junio de 2009, el cual se dirigía de Río de Janeiro a París. Sus 228 ocupantes perecieron en la tragedia.

La BEA, siglas en francés de la entidad en Francia que investiga accidentes de aviación, emitió el viernes su tercer informe sobre el desastre, en el que facilita información técnica casi segundo a segundo de la trayectoria fatal del vuelo, pero no responde a la interrogante final de si un error del piloto, fallas del equipo u otros factores todavía desconocidos causaron la tragedia.

Las conclusiones de la BEA suscitan preguntas preocupantes sobre las reacciones de la tripulación en la cabina — dos copilotos — cuando el A330 entró en una pérdida de sustentación aerodinámica y sobre su capacidad para controlar la nave manualmente cuando el piloto automático se desconectó. En el informe se expresa preocupación sobre el estado de la preparación actual de los pilotos que vuelan aviones de gran tecnología cuando confrontan una crisis a gran altitud.

Las autoridades de la BEA dijeron que han reunido a un grupo de expertos, desde psicólogos a fisiólogos, en un intento por reconstruir la escena desde el punto de vista de los tripulantes: el factor humano, el cual podría incluir posible desorientación. Estas conclusiones podrían ser incluidas en el informe final previsto para principios del año entrante.

Muchas de las acciones de los tripulantes "parecen contrarias a la lógica y buscamos explicaciones racionales", dijo el investigador en jefe de la BEA, Alain Bouillard, en conferencia de prensa, en la que afirmó que la tripulación en la cabina al parecer no estaba consciente de que el avión había entrado en una fase de pérdida de sustentación.

"Entendemos cómo sobrevino el accidente", expresó Bouillard. "Ahora debemos aprender por qué sobrevino".

En el informe de 117 páginas del viernes, basado en las lecturas y análisis de las información de vuelo y demás datos que registran las grabadoras recuperadas de las profundidades del océano, se recomienda una preparación obligatoria para todos los pilotos a fin de ayudarles a volar manualmente los aviones y recuperarse de una pérdida de sustentación aerodinámica a gran altitud.

Debido a que el capitán del vuelo AF447 se encontraba descansando en el avión, el informe también expresa preocupación de que los dos copilotos "no compartieron sus tareas de manera óptima". Entre las 10 recomendaciones de la BEA, ésta propone que las autoridades mejoren la definición de los criterios para asignar a un capitán de relevo a fin de garantizar una mejor sinergia entre las tripulaciones sustitutas.

Cuando el capitán del vuelo de Air France regresó a la cabina en medio de la crisis, "ninguno de los dos copilotos dio un parte preciso de los problemas enfrentados ni de las acciones emprendidas, salvo que habían perdido el control del avión y que habían intentado todo", se dijo en el documento.

El capitán había designado "implícitamente" al copiloto más joven como su relevo antes de que tomara su siesta, autorizada en las normas.

Los expertos han pedido tener cautela en culpar a los pilotos, debido a que todos eran experimentados y estaban calificados para volar la nave.

El presidente de la asociación de parientes de las víctimas brasileñas censuró este informe.

"Si los pilotos no estaban bien entrenados, ¿cómo es que Francia les permite que trabajen en un vuelo internacional nocturno con pasajeros?", dijo Nelson Farias Marinho, quien perdió un hijo en el desastre.

"No estoy de acuerdo para nada con este informe y estoy en contra del mismo porque está lleno de contradicciones", apuntó.

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Angela Charlton en París, Slobodan Lekic en Bruselas, Flora Charner en Río de Janeiro, Joan Lowy en Washington y Masha MacPherson en Le Bourget contribuyeron a este despacho.