Con el fin del plazo a la vista, los republicanos de la cámara baja tuvieron dificultades el jueves para lograr la aprobación de una ley que evitaría la inminente situación de un impago de la deuda gubernamental al recortar casi un billón de dólares del gasto federal.

Los demócratas en el Senado prometieron no dejar pasar la ley — si llegara a sus manos — con la esperanza de forzar un acuerdo final.

Mientras el debate se extendía hasta el anochecer, los líderes del Partido Republicano ordenaron detener la medida, sin explicación, y John Boehner, presidente de la cámara baja, convocó a un grupo de republicanos recalcitrantes a su oficina.

Cuestionado sobre el tema que había tocado con Boehner, Jeff Flake dijo: "Yo creo eso es obvio (...). Se están realizando negociaciones".

Louie Gohmert, otro republicano, dijo que no estaba contento de que Boehner hubiera desechado un requisito que estaba en la propuesta anterior para que el Congreso aprobara una reforma constitucional con una enmienda donde se equilibra el presupuesto.

"¿Por qué estamos negociando con nosotros mismos?", se preguntó retóricamente el republicano.

No era claro cuánto duraría el retraso para realizar la votación prevista para hoy, aunque un vocero de Boehner dijo que el voto se realizaría hoy mismo.

La Casa Blanca rápidamente provocó a los republicanos de Boehner.

"El tiempo sigue corriendo hacia el 2 de agosto, los representantes están nombrando oficinas postales, mientras los líderes tuercen brazos para una votación sin sentido. No me extraña que la gente odie a Washington", dijo el director de comunicación de la Casa Blanca Dan Pfeiffer a través de Twitter.

Más temprano este mismo día, Boehner había exudado optimismo.

"Vamos a aprobar este proyecto de ley y terminar la crisis", dijo el principal antagonista republicano del presidente en una nueva y beligerante época de un gobierno dividido. "Incrementa el límite de deuda y recorta el gasto gubernamental por una mayor cantidad".