El primer ministro noruego dijo el miércoles que los ataques que remecieron a su país no intimidarán a Noruega y la respuesta de sus compatriotas será "más democracia, más apertura".

Jens Stoltenberg dijo el miércoles a la prensa que los noruegos se defenderán demostrando que no temen la violencia y participando más en la política.

"Es absolutamente posible tener una sociedad abierta, democrática e inclusiva y al mismo tiempo contar con medidas de seguridad y no ser ingenuos", aseguró.

Por lo menos 76 personas murieron en el ataque a los edificios de gobierno y en una masacre de jóvenes excursionistas en una isla. El noruego Anders Behring Breivik, de 32 años, aceptó la autoría de los ataques y dijo que trataba de salvar al mundo occidental de la colonización musulmana.

Durante una conferencia de prensa el miércoles, Stoltenberg anunció la creación de una comisión independiente que investigará los ataques.

El primer ministro agregó que las ideas extremistas son legítimas, pero su aplicación violenta no lo es.

"Tenemos que ser muy cuidadosos para diferenciar entre perspectivas y opiniones extremistas — esas que es completamente legal tener — de lo que no es legítimo, que es tratar de implementar esos puntos de vista extremistas por medio del uso de la violencia", dijo.

Los noruegos parecen resueltos a reanudar la vida normal. Algunos funcionarios de gobierno planeaban regresar a sus oficinas en los edificios donde las explosiones destruyeron la mayoría de las ventanas.

"Creo que lo que hemos visto es que habrá una Noruega del antes y una del después del 22 de julio", dijo Stolenberg. "Pero espero y creo que la sociedad noruega que veamos después sea más abierta y tolerante que antes".

Las autoridades de Dinamarca informaron el miércoles que una mujer de origen danés, Hanne Balch Fjalestad, murió en los ataques, lo que representa la primera muerte confirmada de un extranjero en el incidente.

La mujer, de 43 años, trabajaba como médico de primeros auxilios en la isla de Utoya. Le sobreviven cuatro hijos, entre ellos una hija de 20 años llamada Anna, que salió ilesa del atentado.

Por otra parte, el comandante del grupo policial de operaciones especiales dijo que la avería de su embarcación no causó ninguna demora significativa en sus esfuerzos por llegar a la isla donde Breivik mataba sistemáticamente a decenas de personas.

El público se preguntó cuánto tiempo tardó la policía en llegar a la isla el viernes después de recibir las primeras denuncias de que un individuo estaba disparando en un campamento juvenil en la isla. Aunque ésta se encuentra a 40 kilómetros (25 millas) de la capital noruega, la policía necesitó 90 minutos para llegar allí.

Un helicóptero de la prensa ya estaba sobrevolando el lugar cuando llegó la policía. Marius Anresen, un camarógrafo de la emisora NRK que tomó fotos de la matanza en la isla Utoya, dijo a la Associated Press que su helicóptero llegó entre las 6:00 y 6:10 de la tarde. La policía dijo que llegó a las 6:25 de la tarde.

La policía estaba concentrada en el centro de ciudad donde una bomba había dañado el edificio del gobierno que el mismo Breivik dijo haber activado. Cuando llegaron las primeras noticias de la matanza en la isla, la policía fue por tierra hasta la costa porque la tripulación del único helicóptero disponible estaba en vacaciones. Después el primer bote con el que trataron de llegar a la isla se averió.

Anders Snortheimsmoen dijo a la policía que pese a la avería de la embarcación, el equipo de operaciones especiales inmediatamente trepó a otra lancha mejor.

En la misma conferencia de prensa, el ministro de Justicia Knut Storberget elogió al equipo y dijo que contribuyó a "limitar la tragedia" en la isla. Los dos actos terroristas del viernes dejaron un tendal de por lo menos 76 vidas, 68 de ellas en la isla.

La insólita irrupción de violencia en este país habitualmente plácido ha dejado a los noruegos conmovidos y asombrados, aunque decididos a seguir con sus vidas. Algunos trabajadores del gobierno planeaban volver a sus tareas en las oficinas del edificio donde las bombas destruyeron la mayoría de las ventanas.