La presidenta argentina Cristina Fernández afirmó que la oposición política y mediática "me quiso destituir", en una biografía autorizada en la que también habló de los últimos momentos que compartió junto a su esposo y antecesor Néstor Kirchner, fallecido en octubre.

"La Presidenta, historia de una vida", escrita por la periodista Sandra Russo, es la primera biografía autorizada sobre Fernández. El libro salió a la venta el martes.

La mandataria, quien no suele conceder entrevistas desde que asumió el poder en 2007, le contó a la autora en varias charlas aspectos hasta ahora desconocidos de su vida privada y sobre los acontecimientos más relevantes de su gobierno; como fueron el conflicto con los productores agropecuarios en 2008, cuando quiso aumentar el impuesto a las exportaciones de granos, y el enfrentamiento que aún mantiene con el poderoso grupo mediático Clarín.

"A mí en el 2008 me quisieron destituir", sostuvo Fernández, según el libro de Russo. "Sí. No tengo ninguna duda. No habían querido que fuera yo la candidata (a la presidencia). Fundamentalmente el Grupo Clarín".

En 2008 la presidenta quiso imponer un nuevo sistema impositivo a las exportaciones de granos, la principal fuente de divisas del país. La idea oficial era que dicho impuesto debía variar de acuerdo con precio de las materias primas en el mercado internacional.

La medida desató una rebelión de productores, que cortaron rutas durante semanas y causaron desabastecimiento en las ciudades. Según la visión del gobierno, los dirigentes rurales, con el respaldo de los medios del grupo Clarín, de líderes opositores y también del propio vicepresidente de la nación, Julio Cobos, quisieron sacar a Fernández de la presidencia.

"La situación nos obligó a pelear para defender el gobierno. Vos prendías la televisión ese año y escuchabas las cosas que decían de mí y de Kirchner, y nunca se las habían dicho a nadie. A nadie. Nunca. Yo puedo hacer discursos con contenidos fuertes, pero son conceptos. Me devolvían agravios personales, uno atrás del otro. Se me negaba hasta el derecho a defenderme", recordó la gobernante.

Al final, el gobierno tuvo que dar marcha atrás al proyecto para aumentar los impuestos cuando el Congreso lo rechazó, con el voto decisivo de Cobos, quien también es titular del Senado.

Fernández, la primera presidenta en el mundo en suceder democráticamente a su esposo, recordó que antes de la votación del Senado "no aguanté más y dije: 'Me voy a dormir, total ya sé como va a votar Cobos'. Estaba segura de que nos iba a votar en contra. Las mujeres tenemos esa percepción fina, una genética especial para detectar las traiciones".

"Cuando vi la embestida, la verdad, no dudé. Se dio naturalmente. No pensamos nunca en retroceder ni en negociar ni en hacer un gobierno débil (...)Yo me planté y bueno, dije, si me echan, que sea por lo que pienso y hago, no por lo que no me animo a hacer. No me iban a echar por débil... Ni por estúpida, porque me estaban subestimando", destacó Fernández en sus diálogos con Russo, una periodista con extensa trayectoria en la prensa gráfica y que actualmente trabaja en el canal oficial.

Tras esa derrota política, el gobierno de Fernández lanzó una embestida contra el Grupo Clarín. Primero sancionó una nueva ley de medios de comunicación audiovisual que obliga a ese conglomerado a desprenderse de muchas de sus empresas. Luego estatizó los derechos de televisión de los partidos del fútbol argentino que explotaba Clarín.

En el ámbito judicial, el gobierno alentó investigaciones contra director ejecutivo y la dueña del Grupo Clarín.

El Grupo Clarín ha denunciado que sufre una persecución política y que el objetivo del gobierno es silenciar al periodismo independiente.

Otro momento que marcó a la presidenta fue la muerte de su esposo el 27 de octubre de 2010 a causa de un parocardiorespiratorio.

Fernández contó en el libro que Kirchner "murió conmigo acá, en la cama. El no murió en el hospital. Lo averigüé con el tiempo, atando cabos. Primero no entendí, por cómo se dieron las cosas, por los intentos que hicieron para reanimarlo. Pero después me puse a reconstruir todo, y lo llamé al médico para preguntarle. Y fue así, lo que pasaba era que el médico que estaba acá no se animaba a decírmelo".

"También fue porque nadie podía aceptar que estaba muerto. Yo no podía. Todo lo que hicimos esa mañana fue desesperado", relató.