Una familia ha dominado la política griega por más de medio siglo: los Papandreou.

Un George Papandreou gobernó en la década de 1960, durante un período de agitación constitucional. Y otro está al frente hoy, en medio de una crisis financiera que amenaza con dejar al país en ruinas.

El padre del actual primer ministro, Andreas Papandreou, y su abuelo, del mismo nombre, fueron líderes extremadamente populares que promovieron las reformas que sentaron las bases de la Grecia moderna pero que al mismo tiempo son culpados por algunos por la enorme deuda que tiene hoy la nación.

En una ironía histórica, George Papandreou hijo se está viendo forzado a desmantelar proyectos que impulsó su padre, un izquierdista que invirtió miles de millones de dólares en la creación de empleos y en costosas iniciativas de desarrollo que generaron corrupción y ayudaron a gestar la actual crisis.

"El hijo está pagando por los pecados del padre", comentó el escritor y analista político Nikos Dimou.

El vástago de los Papandreou es un político del sistema por excelencia, que también es visto como un elemento marginal en ciertos aspectos.

Se lo conoce como "George el estadounidense" porque nació en St. Paul, estado estadounidense de Minnesota, donde su padre fue profesor universitario. Estudió en el Amherst College y en la Universidad de Harvard, entre otras prestigiosas instituciones educativas. En la manifestaciones contra el gobierno, la gente grita "George, vete a tu casa".

Papandreou enfrenta la misión casi imposible de acabar con todo vestigio de corrupción, chanchullo o favoritismo, al tiempo que se resuelven los problemas de la economía.

Es presionado por casi todo el mundo: los líderes europeos y del Fondo Monetario Internacional, partidos opositores hostiles y protestas cotidianas incluso de sectores que otrora apoyaron a su partido Socialista, incluidos los poderosos sindicatos y organizaciones de funcionarios públicos.

Si Grecia no puede pagar sus deudas, podría arrastrar al abismo a otras naciones de la Unión Europea y comprometer la frágil recuperación de la economía mundial. Paralelamente, Papandreou debe controlar el enojo de la gente por los recortes presupuestarios y el creciente desempleo.

Muchos dicen que Papandreou está haciendo las cosas bien, pero que no tiene las dotes de líder ni el carisma de su padre y su abuelo.

El populismo sin igual de Andreas Papandreou y su poder de persuasión se hicieron evidentes en emotivos discursos que pronunció ante cientos de miles de partidarios en actos multitudinarios. Lo ayudaron a conquistar tres veces el gobierno en los años 80 y 90 como líder del partido que él mismo fundó, el Movimiento Socialista Panhelénico, o PASOK.

Se le reconoce el mérito de haber sabido enfrentar a una elite derechista muy arraigada en el poder, pero también se le imputa la creación de un sistema de favoritismo mediante el cual llenó el sector público de figuras leales a cambio de votos y el haber permitido que los griegos viviesen muy por encima de sus posibilidades. La deuda pública de la nación se disparó durante su gestión en los años 80.

"George Papandreou debe deshacer todo lo que hizo el PASOK", afirmó Dimou. Una de sus obligaciones, sostuvo, es hacerle frente a los sindicatos, que no están dispuestos a perder sus privilegios.

Es una tarea enorme para George Papandreou, quien ha dedicado buena parte de su vida a la política y a satisfacer las expectativas de su poderosa familia y del Partido Socialista.

George Papandreou padre sirvió igualmente tres periodos como primer ministro. Sus políticas liberales le granjearon poderosos enemigos entre la derecha griega. Pero fue su firme oposición a la monarquía lo que derivó en la crisis política en que fue derrocado y que dio lugar a una dictadura militar entre 1967 y 1974.

Al derrumbarse el gobierno militar, un hijo de George padre, Andreas, conquistó el voto de la centroizquierda y ganó abrumadoramente las elecciones de 1981.

Hasta sus partidarios se preguntan si el joven Papandreou tiene la fuerza política como para lidiar con los problemas financieros del país.

Los observadores señalan que le cuesta resolver las diferencias dentro de su propio partido en relación con impopulares medidas de austeridad que hicieron que su partido esté segundo en las encuestas, detrás de los conservadores.

El editor George Kyrtsos opina que Papandreou se equivocó al ceder a las presiones de los sindicatos y de otros sectores tras perder las elecciones generales del 2007 para poder conservar su condición de jefe partidario.

"Es una víctima de sus propias tácticas", manifestó Kyrtsos.

Describió a Papandreou como un político inteligente, que comprende lo que está sucediendo, pero que tiene un estilo de conducción ineficiente y no es capaz de prestar atención a los detalles.

El analista Tzogopoulos dice que hay quienes dudan que Papandreou pueda domesticar a los sindicatos y apaciguar a los descontentos.

Para peor, Papandreou no ha sabido transmitir a la gente la gravedad de lo que está sucediendo, según el analista Dimou.

"Este partido no supo manejar la economía y perdió el apoyo de la opinión pública", expresó Dimou. "El gobierno no ha sabido explicar la situación que se vive ni por qué estas medidas son necesarias".

Tampoco tiene el toque populista de su padre, el cual podría resultarle muy útil para controlar el descontento popular.

"George Papandreou no tiene la misma personalidad ni el mismo carisma", declaró. "Es como decirle a un actor sin talento alguno que haga el papel de Hamlet. No tiene talento para eso", concluyó.