El béisbol puertorriqueño y latinoamericano ya tiene a un nuevo miembro en el Salón de la Fama con la figura del ex segunda base Roberto Alomar que encabezó hoy la clase del 2011 junto con el ex lanzador Bert Blyleven.

Alomar, que se convirtió en el séptimo pelotero latinoamericano que llega al Salón de la Fama y el tercero puertorriqueño, después que antes entrasen el legendario Roberto Clemente y Orlando Cepeda, hizo que la bandera de su país volviese a ondear con más fuerza que nunca en el recinto sagrado del béisbol profesional.

La figura de Alomar alcanzó más valor para el mundo latinoamericano cuando inició su discurso de aceptación hablando en español de su nativo Puerto Rico, y lo hizo para decir que se "sentía muy orgulloso de sus orígenes y de ser puertorriqueño".

Como antes lo habían hecho también el llorado y siempre recordado Clemente (1973) junto con Cepeda (1999).

"Siempre he jugado con el corazón y la mente pensando en mi isla", destacó Alomar en la ceremonia celebrada hoy en Cooperstown, Nueva York. "Es una verdadera bendición el poder compartir este momento con todos ustedes".

Alomar, que jugó con los equipos de los Azulejos de Toronto que ganaron las Series Mundiales de 1992 y 1993, es el primer jugador en entrar al Salón de la Fama que lleva la gorra del equipo canadiense que milita en la Liga Americana.

Además, Alomar, de 43 años, también se convirtió en el vigésimo segundo intermedista en la historia de las Grandes Ligas que llega al Salón de la Fama con .300 de promedio de bateo y 210 jonrones.

Pero lo más importante es que también vuelve abrir de nuevo la puerta a los peloteros latinoamericanos para que tengan la oportunidad, a partir de ahora, recibir más reconocimiento que el que se le ha dado en cuanto a ser miembros del Salón de la Fama.

Mientras en la competición actual la presencia de peloteros latinoamericano se ha convertido en un factor clave para que pueda darse, representan más del 25 por ciento de los jugadores activos, dentro del Salón de la Fama sólo hay siete, de los 206 que han sido elegidos, lo que representa el 3,5 por ciento.

Junto a Clemente, Cepeda y Alomar, también están en el Salón de la Fama el dominicano y Alomar, el dominicano Juan Marichal (1983), el venezolano Luis Aparicio (1984), el panameño Rod Carew (1991) y el cubano Tany Pérez (2000).

Alomar, que se convirtió en el primer pelotero latinoamericano que llega al Salón de la Fama desde que lo hiciese Pérez hace nada menos que 11 años, está convencido que otros compatriotas como Iván Rodríguez, Edgar Martínez y Juan González, entre otros, puedan tener la oportunidad de seguir su camino.

Pero habrá otros peloteros latinoamericanos como el ex abridor dominicano Pedro Martínez que también han hecho méritos y conseguido marcas que les permiten tener el máximo de opciones a entrar en su momento al Salón de la Fama.

Mientras, Blyleven, que ganó 287 juegos en su carrera de 22 años como lanzador, y Pat Gillick, que ganó tres de la Serie Mundial como gerente general, incluidas las dos que consiguieron los Azulejos y el hombre que logró el traspaso de Alomar, también recibieron el honor más alto que se otorga dentro del béisbol profesional.

Blyleven, que se convirtió en el primer jugador nacido en Holanda para ser consagrado, dio las gracias a su difunto padre y su madre de 85 años de edad por haberle ofrecido siempre la unidad y la determinación que necesitaba para tener éxito.

El ex lanzador que ganó dos Series Mundiales, la primera en 1979 con los Piratas de Pittsburgh y la segunda en 1987 con los Mellizos de Minnesota, completo su carrera de 22 años con 287 victorias y completó 60 blanqueadas.

El padre de Blyleven, que murió de Parkinson en 2004, se enamoró del béisbol y los Dodgers después que la familia se mudó al sur de California a finales de 1950.

"Me gustaría que estuviera aquí", expresó Blyleven durante la ceremonia de inducción a la llegó en el decimocuarto intento. "Pero, sabes, mamá, sé que está ahí arriba mirando hacia abajo en este momento".

Gillick, un lanzador zurdo en la universidad, dijo que sabía que tenía que encontrar otra manera de mantenerse en el juego después de cinco años en las ligas menores.

El directivo lo encontró en las oficinas principales de los cuatro equipos de Grandes Ligas, ganando los títulos de 1992 y 1993 con Toronto y un título de 2008 con los Filis de Filadelfia.

Gillick comenzó su carrera de ejecutivo en 1963 como asistente del director de la las ligas menores de los Astros de Houston, para luego llegar a la organización de los Yanquis de Nueva York, en 1974 como coordinador de desarrollo de jugadores.

Su paso por los Yanquis le hizo ganarse más prestigio dentro del béisbol de las Grandes Ligas y en 1976 se trasladó a la expansión de los Azulejos para convertirse en vicepresidente de personal de jugadores y más tarde vicepresidente de operaciones de béisbol.