Fiel al estilo que le ha convertido en un mito para la afición, el diestro español José Tomás cortó el sábado una oreja tras sufrir una espectacular embestida, que, sin embargo, no le impidió celebrar un regreso triunfal a los ruedos 15 meses después de una gravísima cornada en México que estuvo a punto de costarle la vida.

El acontecimiento taurino de la temporada no defraudó. La plaza, con capacidad para 11.000 espectadores, llena a reventar e incluso fuera de ella una inusual imagen de decenas de personas agolpadas en las azoteas de los edificios contiguos para intentar ser testigos directos del evento.

Tomás no pudo abrir la puerta grande en su esperada reaparición en Valencia, pero llevó la emoción a los tendidos en su segundo toro. Al empezar la faena de muleta, el astado, de nombre "Dulcero" con 556 kilos de peso, arrolló al diestro, que dio una voltereta en el aire antes de golpearse violentamente contra la arena.

El animal zarandeó al torero en el suelo durante unos segundos que se hicieron eternos. Aunque logró escapar del aprieto sin cornada, Tomás se reincorporó visiblemente conmocionado. Después de algunos minutos de atenciones en la barrera, logró recuperarse sin pisar la enfermería y finalizó la faena para delirio del público.

"José Tomás ha vuelto a demostrar que es el número uno", dijo Emilio Martínez, crítico taurino de Diario Crítico, un medio digital. "Después de una tremebunda voltereta, sigue toreando sin renunciar a su estilo de pureza y con una valentía fuera de serie".

"Ha demostrado que es exactamente el mismo, sigue emocionando igual que antes", añadió.

Los aficionados reclamaron al presidente del festejo por no haber concedido la segunda oreja, que le hubiera permitido salir por la puerta grande el día de su reaparición.

"Creo que el presidente se equivocó. Merecía las dos orejas", consideró Martínez.

El joven mexicano Arturo Saldívar, que junto a Víctor Puerto completaba la terna de la tarde, sí abrió la puerta grande la plaza, el máximo reconocimiento para un torero, tras cortar sendas orejas en sus dos faenas.

Luego de 15 meses de larga recuperación, el regreso a los ruedos de Tomás no ha hecho sino acrecentar el mito. Las entradas para el festejo estaban agotadas desde hace meses y la reventa se pagó por encima de los 2.000 dólares.

Tomás fue corneado en el muslo izquierdo el 24 de abril de 2010 en Aguascalientes, México, y estuvo a punto de perder la vida. En España tuvo que ser sometido a una segunda operación para liberarle unos nervios que le impedían mover la pierna con normalidad.

"Es el de siempre. Sigue sin moverse, ganándole terreno al toro. Demuestra una gran valentía y nos pone la carne de gallina, nos deja sin respiración", explicó Félix Martín, aficionado madrileño de 70 años que pagó 600 dólares en la reventa para poder ver a su ídolo en Valencia. "Después de la brutal cogida que ha sufrido, ahí seguía delante del toro", agregó.

"Siempre emociona, nunca defrauda", señaló Sergio Huguet, de 41 años. "Ha vuelto como se fue y sigue sin dejar indiferente a nadie".

Oriundo del pueblo madrileño de Galapagar, Tomás, de 35 años, es para los devotos de la tauromaquia el salvador de una fiesta que vive horas bajas en España. Un torero de valentía temeraria. Una leyenda viva rodeada de misterio.

Introvertido, casi hermético, Tomás no suele prodigarse en los medios de comunicación ni en actos públicos y huye de la parafernalia que muchas veces rodea a las grandes figuras del escalafón taurino.

Tampoco permite que las televisoras retransmitan en vivo sus faenas, porque entiende, entre otras razones, que la pequeña pantalla no puede reflejar fielmente lo que ocurre en la plaza.

"Es una persona tímida, muy seria, muy reflexiva, celoso de su privacidad y comprometido con su libertad y su independencia", afirmó Salvador Boix, su apoderado y mano derecha.

Tomás tomó la alternativa en 1996 y en los años sucesivos se convirtió en uno de los ídolos de la afición española, abriendo una y otra vez la puerta grande de las plazas más exigentes como Madrid o Sevilla.

Sin embargo, en el 2002, cuando estaba en la cima de su carrera, decidió retirarse un tiempo porque no encontraba la motivación ni las ganas de enfrentarse al toro. Regresó cinco años después sin perder un ápice su arte de alto voltaje, aunque recortando significativamente el número de corridas por temporada.

Algunos críticos consideran que Tomás desprecia la vida, que no sabe lo que es el miedo. Dicen que la manera que tiene de ceñirse al toro es más temeraria que otra cosa. Nada más lejos de la realidad, según las personas que le conocen.

"El miedo aparece siempre, siempre", precisó Boix. "José Tomás ama la vida, tanto como la puede amar cualquier ser humano que la quiere vivir intensamente. Pero los toreros se la juegan todas las tardes que se visten de luces".