Shyne", antigua promesa fulgurante del rap neoyorquino que pasó nueve años en prisión, ha iniciado una nueva vida como judío observante en Jerusalén en la que emplea su inalterada capacidad de rima para exaltar su fe.

Yamal Michael Burrow, "Shyne", nació en 1977 en la caribeña Belice, donde vivió una infancia en la que "era tan pobre que no entendía lo que era la pobreza", explica a Efe en un lujoso hotel de Jerusalén.

Con apenas siete años, su familia se asentó en Brooklyn, en una aventura que tampoco fue fácil: su madre limpiaba casas y su padre, hoy primer ministro de Belice, trataba de ejercer como abogado en un ambiente de drogas, atracos y trapicheos con la Policía en el que "a nadie -relata- le importaba si morías".

"Cuando creces con esa falta de amor y de atención hablas de una determinada manera y tienes una actitud en la que nada significa nada para ti", dice mientras gesticula marcadamente con las manos.

Estrenaba la veintena cuando enganchó un contrato como cantante con "Puff Daddy", gran estrella del rap que le tomó como su protegido.

En los círculos de las rimas improvisadas y las cajas de ritmos omnipresentes su nombre sonaba cada vez con más fuerza y su disco debut, "Shyne", se disponía a ver la luz.

Pero el azar le reservaba una mala sorpresa: una noche de 1999, cuando negociaba un contrato discográfico en un club de Manhattan acompañado de "Puff Daddy" y de su entonces novia, la actriz Jennifer López, se desencadenó uno de los tiroteos más famosos de la historia del rap, junto con los asesinatos de Notorious B.I.G o de Tupac Shakur.

Tras un mediático juicio, "Puff Daddy" salió limpio, mientras que "Shyne", que optó por callar sobre quién mas abrió fuego, fue condenado a diez años entre rejas, de los que finalmente cumplió nueve.

"Cometí un error y lo lamento mucho, aunque creo que he pagado por él", resume antes de defender que todo fue voluntad divina: "No fue el juez, fue Dios. No tengo fe por conveniencia o de forma esporádica, tengo fe todo el tiempo. Dios dijo que teñía que cumplir diez años y el juez no hizo nada que no le dijera Dios".

"Shyne" salió de prisión en 2009 con una orden de deportación a Belice; un nombre hebreo, Moshe Michael Levy; y una nueva perspectiva de la realidad.

"La cárcel fue la graduación. Me hizo aceptar quien soy, no huir de ello. Apreciar las cosas simples, la vida (...) Venir a Israel es mi premio por todo lo que he sufrido", asegura.

Hoy, con 33 años, "Shyne" combina el atuendo de los judíos más religiosos con unas "Ray-ban" impenetrables, un móvil de última generación y una pasión inquebrantable por los "Lamborghinis".

Él insiste, sin embargo, en que su vida ha seguido una trayectoria mucho más coherente de lo que indican las apariencias.

"Incluso cuando estaba en una pandilla y en la calle, estaba siempre tratando de hacer la voluntad de Dios (...) El hecho de que hablase de una forma dura o tuviese que usar un arma y protegerme de los monstruos que querían dañarme a mi y a mi familia y mis camaradas no significa que fuese una persona sin Dios", argumenta.

Su discurso transcurre con la entonación de los afroamericanos neoyorquinos entre la pasión por su país natal y la seriedad sobre sus planes como empresario, todo ello trufado de incontables referencias a Dios y al judaísmo con un punto de iluminado.

"No puedes huir de lo que eres. Yo soy de la tribu de Judá (de la que salieron los reyes David y Salomón). Represento al reinado, tengo una especial responsabilidad, más que otros israelitas. Es un asunto serio", cuenta sin atisbo de ironía.

Sus versos han pasado de joyas como "Todo lo que veo son adictos al crack y armas automáticas, vosotros, negros raperos, sois maricones" (Godfather, 2004) a alegatos por la liberación de Jonathan Pollard, encarcelado a perpetuidad en Estados Unidos por espionaje y abanderado por la derecha nacionalista israelí.

"La música es la fuerza más poderosa en el planeta, puede derribar muros, hacer cosas milagrosas, romper la barrera del idioma... Si mi música puede inspirar a alguien, darle una dirección, así es cómo comunicar con Dios", señala.

"Shyne" se dispone además a estrenarse como empresario cinematográfico con un documental sobre su historia y un largometraje sobre personajes clave del Antiguo Testamento.

"Igual que Mel Gibson representa sus puntos de vista religiosos en sus películas, yo quiero representar los míos y hacer una película sobre el rey David, Abraham, Moisés...", dice.

El rapero suma otra faceta aún más alejada de la crudeza verbal e incorrección política de su adolescencia: embajador de buena voluntad de Belice en Israel.

"Trato de explicar por qué es tan importante ofrecer a Israel un apoyo razonable y honesto, en vez de seguir la habitual propaganda e invectivas contra Israel. Obviamente, soy parcial", reconoce.

Así, entre rezos, reuniones diplomáticas, gestiones y visitas al Muro de las Lamentaciones, "Shyne" cree haber encontrado su sitio en el barrio judío de la antigua ciudadela amurallada.

"Jerusalén es mi vida, Israel es mi vida. Éste es el lugar más poderoso del planeta, por lo que estoy definitivamente más inspirado de lo que nunca había estado", sentencia.

Por Antonio Pita.