La secretaria de Estado irlandesa de Asuntos Europeos, Lucinda Creighton, aseguró hoy que el acuerdo de la Unión Europea (UE) para frenar la crisis de deuda "aliviará la carga" que pesa sobre este país para hacer frente a su rescate financiero.

En unas declaraciones a la Radiotelevisión Irlandesa (RTE) desde Bruselas, donde asistió a la cumbre del Eurogrupo, Creighton también negó que la medidas adoptadas den luz verde a los países rescatados a declarar más adelante una suspensión de pagos.

La responsable de asuntos comunitarios rechazaba así algunas críticas vertidas por la oposición en Dublín contra el citado acuerdo, que concede un segundo rescate a Grecia valorado en casi 159.000 millones de euros.

"La implicación del sector privado para Grecia es algo que querían varios Estados miembros. Sucederá de una manera muy aislada (...) Lo que está muy claro es que Irlanda y Portugal son vistos como entidades muy diferentes a Grecia", explicó Creighton.

El Eurogrupo también decidió este jueves rebajar el tipo de interés del 5,8 % que paga Irlanda para devolver el préstamo del programa de ayuda de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuantificado en 85.000 millones de euros.

El nuevo tipo podría situarse entre el 3,5 y el 4 %, al tiempo que su vencimiento se fijaría en 15 años, en vez de los siete actuales.

Fuentes del Ministerio irlandés de Finanzas estiman que estos cambios en las condiciones del rescate podrían proporcionar a las arcas del Estado unos ahorros de entre 600 y 800 millones de euros anuales.

Aún así, el ministro irlandés de Reforma del Sector Público, Brendan Howlin, recalcó hoy que siguen en pie las severas medidas de ajuste adoptadas por el Gobierno para el próximo año, con las que prevé ahorrar 3.600 millones de euros y reducir el déficit público hasta el 8 % del Producto Interior Bruto (PIB).

Clave para lograr la "recuperación sostenida" de la economía nacional de la que habló Howlin es la decisión de la UE de dejar intacto el impuesto sobre sociedades del 12,5 % que aplica este país y al que varios socios comunitarios, en especial Francia, veían como un instrumento de competencia desleal.

"Se acabó. C'est fini", dijo la pasada noche en Bruselas el primer ministro irlandés, Enda Kenny, cuando se le preguntó por esta cuestión.