Una serie que dramatizó el hallazgo de los primeros detenidos desaparecidos de la dictadura militar lideró el jueves por la noche la audiencia de la televisión abierta, cuyo público no acostumbra ver escenas tan crudas basadas en hechos reales ocurridos en su propio país.

El primero de 12 capítulos unitarios de la serie "Los Archivos del Cardenal" fue transmitido por la televisión estatal, cuyo directorio, en una decisión dividida, aportó parte de los fondos para su realización.

La emisión del capítulo, que concluyó en la medianoche, es el tema más aludido en twitter, donde los comentarios van desde "lo que los Archivos del Cardenal desenterraron" a "...y pensar que chilenos decidieron que gobernara la misma derecha de la dictadura".

Muchos criticaron al senador Carlos Larraín, presidente del partido derechista Renovación Nacional, quien antes del estreno opinó que la serie "sólo victimiza a la izquierda" y que cumple el objetivo de que "hay que mantener vivo el odio".

RN y la ultraderechista Unión Demócrata Independiente, que fueron el sustento civil de la dictadura del general Augusto Pinochet, 1973-1990) y negaron que ésta violó los derechos humanos, hace un año y medio llevaron al poder al empresario Sebastián Piñera.

El primer capítulo promedió 17,5 puntos, con un máximo de 20. Lo siguió un reality show de canal 13, con 16,3; "Infieles", de Chilevisión, con 16,1; y "Secreto a voces" de Mega, con 15,5 puntos, según la empresa Time Ibope.

El programa fue definido por Televisión Nacional de Chile como "una serie policial de época, que ocupa como inspiración casos pertenecientes a la Vicaría de la Solidaridad".

El primer capítulo empezó con el hallazgo de huesos con restos de piel y ropas esparcidos entre rocas, al fondo de un par de chimeneas de nueve metros de profundidad en los que se preparaba cal. Funcionarios de la Vicaría de la Solidaridad guiados por un campesino de la localidad rural de Lonquén.

El vicario, una asistente social, un abogado y otros funcionarios no descansan hasta averiguar quiénes son, cómo murieron, todo mientras son seguidos por agentes represivos de la dictadura que interceptan sus conversaciones telefónicas.

El cardenal Raúl Silva Henríquez creó la Vicaría de Solidaridad al advertir que cuando vio que la dictadura detenía, torturaba y hacía desaparecer a opositores izquierdistas sin que nadie pudiera ayudarlos a ellos o a sus familias. Fue, según él mismo, "la voz de los sin voz".

Una de las protagonistas, Daniela Ramírez, que interpreta a la asistente social Laura Pedregal, declaró el viernes a Radio Cooperativa que, "no quiero que vuelva a suceder algo así en mi país y en ningún país del mundo".

"Creo que el ser humano se tiene que relacionar siempre a través del respeto y cuando eso no existe y se vulnera algo tan sensible como desarticular una familia a través de la violencia y de la represión, creo que no son las vías. Siempre estuve en contra de eso", añadió.

Ramírez, de 24 años, nació apenas dos años antes del fin de la dictadura, y no conoció el ambiente de temor y terror en el Chile de los setenta, cuando los opositores al régimen de Pinochet se sentían perseguidos, lo fueran o no.

También refleja la valentía de los funcionarios de la Vicaría, que fueron perseguidos, amenazados, detenidos y uno hasta asesinado, por su trabajo de defensa al prójimo.

El sociólogo José Manuel Parada, además de un profesor y un publicista, de militancia comunista, fueron secuestrados en pleno día, en 1985, por un grupo de policías que al día siguiente los degolló y los botó en un erial, en el sector poniente de la ciudad.

Los funcionarios de la Vícaría sabían que si identificaban los restos, podrían probar, por fin, que era verdad que en Chile había detenidos desaparecidos. Al final del capítulo logran su objetivo, pero el nuevo régimen les quita los restos, que permanecían en el servicio forense.

El hallazgo de los campesinos dio vida en el ejército a la Operación "Retiro de televisores", que implicaba vaciar las fosas clandestinas y tirar los cuerpos al mar.

En Chile hubo, según cifras oficiales de 1991, 3.065 opositores asesinados, de los cuales unos 1.200 integran las listas de detenidos desaparecidos. A 20 años de recuperada la democracia, los fragmentos encontrados no alcanzan a los dos centenares de personas.