A través de esta columna he estado una y otra vez presentando un caso evidente y haciendo pedido sencillo con un argumento simple.

En el país hay 11 millones de indocumentados, la mayoría hispanos y la inmensa mayoría gente buena. A esas personas, que ya han aportado a esta nación, se les debería legalizar mediante una reforma migratoria integral, que cubra, entre otros, a los estudiantes que aspiran a ingresar a centros de educación superior, a los campesinos que cultivan las lechugas y los tomates que consumimos y a los albañiles que han dejado sus pulmones y sus hígados trabajando en las tareas más fuertes.

Creo que el problema de la inmigración no es un asunto de legalidad o ilegalidad sino un problema social que no se resolvió porque económicamente no convenía y todos se hicieron los de la vista gorda: el gobierno, los políticos, los empresarios y rancheros que contrataron a los indocumentados y los propios indocumentados.

Es injusto que en tiempo de vacas flacas se decida culpar a los indocumentados de todos los problemas del país y se decida tratarlos como si no fuesen seres humanos y que se les conculquen todas las posibilidades de vida y se pretenda arrestarlos por sospechas, impedirles que se movilicen en automóviles, impedirles que trabajen, prohibirles tener vivienda, obstaculizar sus posibilidades de estudiar y progresar profesionalmente, abrogar los derechos adquiridos por sus hijos.

No comparto que los comparen con ganado, ratas, prostitutas, narcotraficantes y pandilleros, porque los once millones no calzan ni en los calificativos, ni en los estereotipos con los que se les pretende rotular.

No creo que Estados Unidos deba tener una política de fronteras abiertas, ni tampoco asumir la responsabilidad de acoger a todos los pobres del mundo.

Respecto a esa visión hay innumerables críticas. Aquí una muestra:

Raúl Díaz-Perera:

Vuelve Rafael con sus argumentos maniqueos. Bueno, de algo tiene que agarrarse, ya que no le queda mucho. Por remontarse al pasado, podría irse a la época en que la esclavitud era legal y por ahí puede llegar a la Grecia Antigua, si de buscar argumentos se trata. O referirse a la Ley Seca en la que el ron que hoy se bebe Rafael antes de escribir sus artículos, lo podía meter en la cárcel. Lo cierto es que Rafael vino a dejar sus huesos en este país, porque le atrajo una cierta medida de orden y un respeto por la ley vigente y un sistema de aprobación política conducente a la estabilidad, cosas que Rafael no encontraba en su querida Colombia.

jorge:

Le confieso que sus argumentos no reflejan sabiduría de un esciente, sino más bien de una garduña inoficiosa, inverecunda e imbele contra la lógica. Le invito a que disminuya la estulticia en estos artículos que usted esgrima de forma intelectual, pero sofisticada. Y aclaro que digo sofisticada en el sentido etimológico de la misma. Usted al igual que la escuela de Elea, anda empleando sofismos para probar lo que no es. Quizá pueda confundir a los no leídos, a los energúmenos con sus insipiencias y aquellos cuales cerebros reducidos y contaminados viven en un simbólico tugurio de la incuria intelectual. Por suerte existen muchos que no se dejan "embutir."

La Voz:

"No humillen a los ilegales no hagan tal cosa no es necesario, solo depórtenlos. Eso sí se puede y con toda autoridad de la ley. Para que no se quejen de que se separan a las familias depórtenlos con sus hijos y hasta con el perro".

turrucares1:

"Dices 'la Primera Enmienda de la Constitución garantiza la libertad de expresión, incluso la de los que sin mesura me califican de antiimperialista'. Con esto tratas de que nadie te censure. Te pregunto ¿eres antiimperialista? o tal vez ¿comunista? o ¿te gustan las Farc?".

oscar:

"Rafael, Rafael, leer tus artículos me hace recordar la filosofía (aún la más estúpida de las ideas que es como se le puede calificar) de tantos pueblerinos... cerrada totalmente".

NEMROD:

"La Asociación de Periodistas Hispanos (NAHJ) este fue el grupillo de seudoperiodistas, proilegales y antiamericano que inventaron el término 'indocumentado' para lavarle la cara a los delincuentes que violan las leyes migratorias".

Rafael Prieto Zartha es el director editorial del semanario Qué Pasa-Mi Gente, en Charlotte, Carolina del Norte.

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