Trece identidades diferentes, hurtos por 1,5 millones de dólares y aversión a la violencia son el sello de marca del colombiano Juan Carlos Guzmán Betancourt, que llegó a ser uno de los estafadores más buscados del mundo y ahora es retratado en el libro "El suplantador", del periodista Andrés Alfonso Pachón.

Guzmán, de 35 años, ha suplantado a más de una decena de personas, desde un jeque árabe a hombres de negocios rusos, estadounidenses y franceses y se ha movido por el mundo para cometer sus estafas, como el personaje de Leonardo di Caprio en "Catch Me if You Can" (Atrápame si puedes), un filme de Steven Spielberg basado en la historia real de Frank W. Abagnale Jr.

Pero desde diciembre pasado cumple una condena de 30 meses de cárcel en EE.UU. por entrar ilegalmente a ese país.

Las posibilidades de que no vuelva a caer en las andadas cuando salga de prisión en marzo de 2012 son pocas, según Pachón, periodista de la Agencia Efe, cuyo libro es fruto de cinco años de investigaciones.

"A Abagnale le dieron 12 años de cárcel y pudo recapacitar, además de tener quién le tendiera la mano después. Juan Carlos solo ha pagado condenas muy pequeñas. Además, solo sabe hacer eso, se acostumbró a ser así. Solo puedo imaginarlo cometiendo otro crimen después y volviendo a prisión", asegura el periodista colombiano.

Guzmán Betancourt, nacido en Roldanillo, una localidad del departamento de Valle del Cauca, se dio a conocer en Colombia en 1993 cuando regresó al país poco después de haber llegado a Miami como polizón en un avión, supuestamente en el tren de aterrizaje, uno de los mitos que "El suplantador" (Debate) derriba.

"En 1993, cuando vi su historia en televisión, pensé que era un joven avispado, pero muy ingenuo, nadie especial. Pero 12 años después me encontré con una revista donde contaban que estaba huyendo de Interpol y lo calificaban como uno de los estafadores más buscados del mundo, y entendí que su historia merecía ser contada", asegura Pachón.

Según el periodista, la pobreza y el maltrato que Guzmán sufrió de niño, sumado a un espíritu aventurero y soñador que se refleja en su marcado gusto por los aviones y los aeropuertos, le hicieron buscar riqueza pero sin utilizar nunca la violencia.

El libro señala que su mayor golpe lo dio en Las Vegas (EE.UU.), después de analizar durante varios días la rutina del turista británico Daniel Gold.

Tras esperar a que saliera de la suite en la que se alojaba en un lujoso hotel, Guzmán se las ingenió mediante engaños para que la persona que cuidaba a los hijos de Gold dejará también la habitación y, una vez con el camino despejado, pidió en la recepción, con un perfecto acento británico, la llave.

El botín: un reloj Rolex, unos zapatos Prada y unos 30.000 dólares en efectivo, lo que hace un total de 280.000 dólares.

Guzmán Betancourt, que habla cinco idiomas con perfecto acento, ha cumplido penas de prisión en Francia e Irlanda, se ha fugado de una cárcel británica y cruzado las fronteras como Pedro por su casa, con ayuda de sus numerosos pasaportes falsificados.

Las particularidades de su caso han hecho que un oficial de Las Vegas y un detective irlandés se hayan dedicado a perseguirle durante años.

Como le dijo Guzmán Betancourt a un policía que lo detuvo cuando le preguntó por qué actuaba así: "Usted jamás lo comprenderá".