El vicepresidente chino, Xi Jinping, prometió hoy en Lhasa, la capital tibetana, luchar contra las "actividades separatistas" del Dalái Lama y su "grupo", tres días después de que el líder espiritual tibetano en el exilio se reuniera con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

China también debe "destruir completamente cualquier intento de socavar la estabilidad en el Tíbet y la unidad nacional de la patria", añadió Xi durante su visita a la zona, con motivo de las celebraciones por el 60 aniversario de la entrada de las tropas chinas en el Tíbet.

Xi, que con toda probabilidad sustituirá a Hu Jintao como presidente el próximo año, explicó que miembros todos los grupos étnicos en el Tíbet han colaborado para "prevenir actividades separatistas y de sabotaje organizadas por el grupo del Dalái Lama y fuerzas hostiles extranjeras".

El pasado sábado y por segunda vez desde que es presidente, Obama recibió al Dalái Lama en la Casa Blanca, a pesar de la petición china de que cancelara el encuentro, en el que el mandatario de EEUU destacó la necesidad de proteger los derechos humanos de los tibetanos que viven en China.

Según la Casa Blanca, Obama también recordó que no respalda la independencia de la región, mientras que el Dalái Lama manifestó su deseo de que el diálogo con Pekín se reanude pronto, después de que en las nueve rondas celebradas hasta ahora no haya habido avances significativos.

El líder espiritual tibetano, en el exilio desde 1959, también aseguró a Obama que no busca la independencia del Tíbet.

El gigante asiático presentó una protesta formal ante el Gobierno de EEUU por el encuentro y aseguró que la reunión ha dañado las relaciones entre los dos países, además de describir al Dalái Lama como un "exiliado político que ha estado implicado en actividades secesionistas en nombre de la religión".

Xi llegó el domingo al Tíbet para las celebraciones de la firma de lo que el Gobierno chino llama los "17 puntos sobre la liberación pacífica del Tíbet" en 1951, tras la derrota el año anterior de las tropas tibetanas.

El vicepresidente aseguró que la estabilidad social es la base para el desarrollo y la prosperidad en el Tíbet, que continúa siendo una de las regiones más pobres del gigante asiático, y añadió que la mayoría Han y las minorías étnicas no pueden vivir unas sin otras.

La continúa tensión en el Tíbet explotó de forma grave por última vez en marzo de 2008, en unas violentas revueltas en Lhasa que fueron reprimidas por la policía y el ejército chinos.

El Gobierno del país asiático dijo que los participantes en las revueltas provocaron 19 muertos, pero no dio cifras de fallecidos por la posterior acción policial y militar, y desde entonces no ha permitido que observadores internacionales verificaran de forma independiente lo sucedido en el conflicto de 2008.

Los independentistas tibetanos aseguran que China ocupa militarmente el Tíbet desde 1950 y que antes esa región era una entidad independiente de facto, mientras que Pekín sostiene que su soberanía sobre esa región del Himalaya data del siglo XIII.