Los republicanos respaldados por un movimiento ultraconservador, es probable que dominen el debate en la Cámara de Representantes esta semana, tratando de impulsar un plan de reducción de gastos que tiene escasas posibilidades de ser aprobado en alguna de las cámaras legislativas aun cuando existe el riesgo de que Estados Unidos incumpla el pago de su deuda cuando faltan solo dos semanas.

Mientras tanto continúa el estancamiento en las negociaciones presupuestales y el tiempo se acaba, los republicanos en la cámara baja se aprestan para presionar en su plan para recortar drásticamente el gasto, descartar cualquier alza en los impuestos y hacer una enmienda en la Constitución en el tema del balance presupuestal para que el gobierno esté obligado a no gastar más de lo que ingresa.

Pero es poco probable que un plan así sea aprobado por el Senado, que es controlado por los demócratas.

Esto esfuerzo se convierte básicamente en una oportunidad para los republicanos de la Cámara de Representantes, en particular para decenas de nuevos legisladores apoyados por el pequeño movimiento ultraderechista Tea Party para mostrar simbólicamente su resolución para demandar grandes recortes al gasto gubernamental, oponerse a subir los impuestos y una posición radical para balancear el presupuesto.

El presidente Barack Obama ha advertido que vetará cualquier medida legislativa que no incluya un aumento de los impuestos a los estadounidenses más ricos y a las corporaciones, incluyendo la eliminación de exenciones a las tremendamente rentables empresas petroleras.

Con esto, el mandatario parece estar ganando terreno entre los electores, en especial los indispensables independientes.

Su famoso método balanceado de recortes al gasto y aumento en impuestos es respaldado por el 69% de los estadounidenses, según señala una reciente encuesta de Gallup. Y entre aquellos que no están registrados con partido alguno, el pragmatismo parece tener mayor apoyo que la ideología.

Una encuesta realizada por el Centro de Investigación Pew halló que entre los votantes independientes, que son codiciados por los partidos políticos antes de las elecciones generales del 2012, la preocupación ha virado del temor de que aumentar el límite de la deuda significará que el gobierno aumentará el gasto al temor de que las consecuencias por no aumentar el límite mismo.

Hace dos meses el centro Pew halló que a los independientes, en un 49% con respecto a un margen 34%, les preocupa más que el aumento del límite de la deuda conlleve a un aumento del gasto gubernamental, en contraste con el principal temor de los efectos nocivos de mantener invariable ese límite. Esta mes, el número de independientes se había dividido sobre la misma cuestión.

Si las negociaciones entre partidos fracasan y para el 2 de agosto no se aumenta el límite de endeudamiento del gobierno — actualmente en 14.300 billones de dólares — que legislaturas pasadas han subido sin importar qué partido domine, habría consecuencias de gran envergadura: tasas más altas de interés a hipotecas y a préstamos para la compra de vehículos, la cancelación de los pagos de Seguridad Social e inestabilidad en los mercados financieros.