En este país donde los molinos de viento son parte de la cultura y la historia, un proyecto para instalar generadores eólicos de electricidad cerca de un pequeño pueblo ha generado gran controversia.

Las turbinas eólicas ascenderán a unos 200 metros (650 pies) de altura con enormes aspas, y los habitantes denuncian que estropearán el panorama, harán mucho ruido y les arruinarán su estilo de vida.

"Serán las edificaciones más altas de toda Holanda", comenta Leen van Loosen, un habitante local que está haciendo campaña para detener el proyecto. "Es una locura".

A medida que ese tipo de turbinas se popularizan por toda Europa, especialmente frente a las costas, han surgido cada vez más disputas entre activistas locales y las empresas constructoras. También en Estados Unidos los proyectos de energía eólica han encontrado resistencia, como por ejemplo el de Cape Wind, cerca de Cape Cod, que estuvo 10 años planificándose antes de ser aprobado.

Pero en momentos en que los precios del petróleo andan por las nubes y abundan los alarmantes pronósticos climáticos debido al calentamiento mundial, la generación de electricidad a partir de viento, sol, biogás y otros recursos renovables es considerada por muchas personas como la solución ideal para problemas como la contaminación, el cambio climático y la escasez energética.

Entre todos esos recursos, la energía del viento es la más barata y su tecnología está bien desarrollada.

Tan sólo el año pasado, la Unión Europea aumentó su capacidad en casi 10.000 megavatios de energía eólica, para un total de 84.000 megavatios, que equivale al 10% del total de la generación energética del continente, dijo la Asociación Europea de Energía Eólica. A nivel mundial, la capacidad de esta fuente alternativa aumentó en casi 36.000 megavatios el año pasado, equivalente al 22,5%, y la mitad de eso fue en China, dijo la organización Consejo Global de Energía Eólica, con sede en Bruselas.

Pero a pesar de su historia, los holandeses no están encantados con la generación de energía por vía del viento.

"En Holanda, casi todos los proyectos se demoran", afirmó Michiel Muller, especialista que trabaja para Ecofys, una empresa que busca soluciones energéticas y que no está vinculada con el proyecto en Urk.

Por toda Europa, cada proyecto de este tipo ha encontrado resistencia, desde el reporte obligatorio sobre su impacto ambiental hasta la aprobación requerida por parte de más de una decena de entidades del gobierno. En promedio, tarda unos 55 meses hasta que un proyecto pueda empezar, dijo la asociación.

De aproximadamente 200 proyectos de energía eólica estudiados entre el 2007 y el 2008, un 40% quedaron atascados en procesos judiciales y otro 30% están demorados debido a la oposición de los habitantes o de grupos ambientalistas, dijo la asociación. Dijo no tener un estimado de cuántos proyectos mueren en el camino, antes de ser realizados.

El poblado de Urk tiene apenas 18.000 habitantes, pero las turbinas eólicas generarían 430.000 megavatios, capaz de proveerle electricidad a 400.000 viviendas, con lo cual se convertirían en una de las más grandes iniciativas de su tipo en el continente.

Además, ayudarían a Holanda a cumplir con el objetivo de la Unión Europea de generar el 20% de su energía a partir de recursos renovables a partir del 2020. Holanda hoy en día posee una capacidad generadora de 2.237 megavatios por medio del viento, comparado con los 12.000 megavatios mencionados como su objetivo nacional para el 2020.

Habrá 86 turbinas, 38 en tierra y 48 en el mar, instaladas en tres hileras. La primera estará aproximadamente a un kilómetro y medio de una estatua de una mujer erigida en 1986 y que está flanqueada por placas en memoria de los pescadores que han perdido sus vidas en alta mar desde 1717.

Los habitantes consideran que los generadores eléctricos con aspas impulsadas por el viento causarán serios perjuicios. Dicen que la pesca y el turismo se verán afectados, que el lago cercano será contaminado, y que el ruido de las aspas perturbará a los residentes y a la fauna local.

"Todos estamos a favor de la energía no contaminante", dice Van Loosen, "pero esto es desproporcionado".

Los promotores del proyecto dicen que los temores de la población son infundados, y que las turbinas estarán muy lejos y no se podrán ver ni escuchar. Un promotor dice que los generadores eólicos son simplemente la continuidad de la tradición holandesa de aprovechar el viento.

"Los molinos de viento son parte de nuestra cultura", dice Janneke Wijnia-Lemstra, representante de los agricultores que han financiado el proyecto con 1.000 millones de euros. Los subsidios del gobierno garantizarán precios competitivos para la energía producida.

El ministro de Economía Maxime Verhagen sostiene que el proyecto, que estará ubicado a 90 kilómetros (55 millas) al noreste de Amsterdam, se adecua a las necesidades energéticas de Holanda y que toda fuente de energía tiene sus desventajas.

"Uno podría oponerse a la energía eólica porque arruina un panorama; uno podría oponerse a la energía nuclear por el problema de los desechos, uno podría oponerse también al carbón, y al final nos quedaríamos sin ninguna fuente de energía", dijo el ministro a la televisora danesa cuando se le preguntó sobre los acontecimientos en Urk.

Tras restarle siete turbinas al proyecto el gobierno finalmente lo aprobó, 12 años después de su autorización inicial. La municipalidad dice que seguirá protestando a menos que se le resten otras 15 turbinas y se ha comprometido a apelar al máximo tribunal del país e incluso a instancias judiciales europeas.

Los terrenos donde se erigirían las torres están bajo la jurisdicción de la municipalidad de Noordoostpolder, una localidad vecina a Urk. El concejo municipal de Noordoostpolder decretó una prohibición a erigir más turbinas eólicas en granjas individuales, en parte porque estropearían la vista. Fue entonces cuando se decidió erigir las turbinas de manera conjunta en un extenso parque junto al mar.

Urk fue fundada hace unos 1.000 años y casi todos sus ingresos económicos provienen de la pesca o del turismo. Hasta la década de 1940 era una isla y algunos habitantes aún albergan rencor porque no se les consultó cuando se decidió construir un dique y vincularla a tierra firme.

"Esta es una cultura y una historia de una isla", dice el alcalde de Urk, Jaap Kroon.