El asediado líder de Libia, Muamar Gadafi, dijo el sábado que su país jamás se rendirá ante los ataques de los rebeldes y la campaña aérea de la OTAN.

En los primeros minutos del domingo, una serie de explosiones estremeció el oriente de Trípoli.

Mediante un discurso de audio dirigido a la ciudad de Zawiya, donde miles de personas manifestaron su apoyo, Gadafi prometió que Libia seguiría luchando.

"Después de que ofrecimos a nuestros hijos como mártires, no podemos dar marcha atrás, o rendirnos o renunciar o movernos ni un centímetro", dijo, con su voz resonando por los altavoces en el centro de la ciudad. "Tengan descanso en sus tumbas, nuestros mártires, nunca los traicionaremos".

El discurso fue el tercero en igual número de días, cada uno dirigido a los habitantes de una ciudad bajo su control, mientras miles gritaban su apoyo al líder del país durante los últimos 41 años.

En su discurso, también transmitido por la televisión nacional, Gadafi dijo que los ataques aéreos de la OTAN en Libia deben detenerse para salvar las vidas de civiles.

El acto se celebró en el centro de Zawiya, una ciudad que estuvo bajo control rebelde en las primeras semanas de la revuelta contra el régimen de Gadafi y sólo fue recuperada después de una brutal batalla.

El centro de la ciudad todavía conserva cicatrices de los combates, con edificios quemados y destrozados frente a la entusiasmada multitud que estaba envuelta en verde, el color nacional de Libia.

El domingo, fue perceptible una serie de destellos y detonaciones en el oriente de la capital libia. Los estallidos continuaron al menos durante una hora, lo que sugiere que fue alcanzada alguna instalación con material explosivo.

Los cazabombarderos de la OTAN han realizado bombardeos contra blancos militares libios, como parte de una operación ordenada por Naciones Unidas para proteger a la población civil.

Las explosiones ocurren un día después de que más de 30 países, entre ellos Estados Unidos, reconocieron al Consejo de Transición Nacional — el principal grupo opositor — como el gobierno legítimo de Libia.

La decisión significa que Estados Unidos pronto podrá financiar a la oposición con una parte de los más de 3.000 millones de dólares en bienes del régimen de Gadafi congelados en bancos estadounidenses. Otros países que tienen una cantidad similar de fondos congelados podrán hacer lo mismo.

La guerra civil de Libia ha estado estancada desde que se desató la revuelta para derrocar a Gadafi a mediados de febrero. Los insurgentes han establecido un gobierno interino en la ciudad oriental de Bengasi y han tomado control de la ciudad portuaria de Misrata y gran parte de las montañas Nafusa en el oeste. Gadafi controla el resto del país desde su bastión en la capital, Trípoli.

Las fuerzas rebeldes — la mayoría de ellas compuestas por voluntarios con armas capturadas al régimen — no han logrado avances importantes recientes, a pesar de los bombardeos de la OTAN a las tropas de Gadafi bajo un mandato de las Naciones Unidas para proteger a civiles.

El sábado, más temprano, diez combatientes que luchaban por derrocar a Gadafi murieron durante un ataque insurgente a un estratégico puerto petrolero en el este de Libia, informaron funcionarios.

Los rebeldes realizaban labores de desminado en las afueras de Brega para poder avanzar. La captura de esa ciudad, ubicada a orillas del Mediterráneo, sería un gran paso en la guerra.

Las fuerzas insurgentes ingresaron a la ciudad en un operativo nocturno, sólo para encontrarse con un campo minado y proyectiles de las fuerzas del gobierno que mataron a 10 combatientes e hirieron a muchos más, dijo el funcionario médico local Mohamed Idris.

Agregó que los rebeldes capturaron a cuatro soldados de las fuerzas leales a Gadafi, pero se desconoce si otros murieron en combate y si los enfrentamientos llegaron hasta el frente insurgente.

Mustafá Fagezly, un funcionario del consejo militar de los rebeldes, dijo en Bengasi el viernes que los combatientes comenzaron su ofensiva el jueves pero tuvieron que retirarse por los proyectiles que lanzó el gobierno y las minas.

El sábado, las fuerzas rebeldes permanecían en las afueras de Brega y avanzaban lentamente para minimizar el número bajas mientras un equipo técnico desminaba el terreno. Fagezly dijo que habían encontrado al menos 250 minas.