El novelista uruguayo y exdirigente de la guerrilla tupamara Mauricio Rosencof (1933) consideró hoy que para la impunidad no existe "nada más peligroso que la memoria" y que ésta se construye no con denuncias ni ataques sino dejando "testimonios".

El autor se expresó así en una entrevista con Efe tras la presentación en Uruguay de su último libro, "Sala 8", donde se narran en un tono próximo al realismo mágico la vida en la sala del hospital militar destinada a "los averiados durante las torturas, donde se recuperaban para ser reenviados de nuevo a los interrogatorios".

Rosencof, que pasó once años y medio incomunicado en un cuartel y sometido a torturas durante la dictadura uruguaya (1973-1985), consideró precisamente que su libro no es una acusación contra nadie por lo sucedido en ese período, sino un testimonio más destinado a la "reconstrucción de la memoria".

Para el escritor, esa recreación es necesaria porque al final "termina conformando la ética, la conducta y la moral de nuevas generaciones".

"No hay más que hacer. Esos sucesos son ya para siempre, la historia tenebrosa del Uruguay produjo dolores, daños y secuelas que quedarán por siempre integrados en nuestra historia", afirmó el escritor.

Rosencof añadió que esa reconstrucción también sirve para alcanzar la justicia, "que no llega sola" y que en un país como Uruguay incluye la "búsqueda de hasta el último hueso y de la última verdad. Y eso hay que asumirlo como algo que no tiene fin".

El novelista, que fue compañero en las filas tupamaras del actual presidente de Uruguay, José Mujica, y del recientemente nombrado ministro de Defensa de su país, Eleuterio Fernández Huidobro, hecho que calificó de "surrealismo mágico", señaló que entre los exprisioneros no existe hoy "ni odio ni venganza", sin que ello signifique que hayan dejado atrás sus convicciones.

Así, consideró una necesidad del país gobernar contando con las Fuerzas Armadas, ya que "sería nefasto si contribuyéramos a acosarlos, a arrinconarlos y a acentuar su natural tendencia a la corporativización".

"Además, los datos de los desaparecidos se tienen que obtener de ellos, por eso se tiene que negociar y luego pasar a la Justicia (...) Ellos actuaron como quienes son, nosotros tenemos que actuar como quienes somos", añadió.

Rosencof reconoció que su novela penetra un tema de la dictadura que aún no había tratado, como el de la tortura y los desaparecidos, de los que "tenía mucho pudor para hablar" y que por fin consiguió expresarlo aunque fuera "subliminalmente".

"De alguna manera en 'Sala 8' se conformaron las historias para dejar un testimonio literario, y empezaron a surgir elementos", explicó el escritor, exdirector de Cultura de la Intendencia de Montevideo.

Según Rosencof, aquella sala del hospital militar donde él estuvo ingresado en dos ocasiones, le permitió escribir sobre esos temas cuando se dio cuenta de que era "un mundo inusual, fantástico, donde los que iban a morir o los que habían muerto, todos estaban en el mismo plano y podían conversar entre ellos".

Entreverado con todo eso están los recuerdos del propio autor y las anécdotas reales de él y de sus compañeros presos en tan terribles circunstancias.

"Escribí ese mundo tal cual es. No hubo una maquinación, sino que salió naturalmente con esa estructura que mezcla, como Juan Rulfo, la realidad y la irrealidad en un mismo plano. El narrador quiere salir de allí y pregunta por su madre, que va a buscarlo, pero él ya no está en ese sitio", señaló.

En un ambiente tan trágico, sin embargo, la novela transpira humor, "que es el ritmo natural de todos los acontecimientos", y que enmarca los aspectos más trágicos de la historia, que aparecen de forma más o menos velada "porque no precisan ser recargados ni hurgar con el dedo en ellos".