En este fin de semana tendremos los cuartos de final de la Copa América. Argentina-Uruguay, Brasil-Paraguay, Chile-Venezuela y Colombia-Perú se enfrentarán para definir quién estará en las semifinales de la competencia. La pregunta más frecuente es: ¿quien pasará de fase y porque?

En absolutamente todos los eventos deportivos hemos tenido que responder en un número interminable de veces a esta misma pregunta — sin importar el momento del evento y los oponentes — como si ella fuese absoluta y única y tuviese respuesta.

La frecuencia es tal que muchas veces me sorprendo reflexionando si realmente existe alguna importancia en encontrar una respuesta definitiva. Como si lo más precioso de la propiedad humana fuese el hecho de que seremos mejores o peores que alguien en cualquier actividad que tengamos. Si existiera verdad en esta tendencia ideológica, todos seríamos unos grandes frustrados, pues es imposible comparar las formas de expresión humana sea de la manera que fuera, principalmente cuando la obra todavía no se ha concretado.

Ni siquiera una evaluación intelectual y de conocimiento, que se caracteriza por comparar las notas relativas al resultado, expresa fidelidad absoluta.

Una mujer puede ser bonita para muchos y no llamar la atención de otros tantos. Las mujeres delgadas de hoy serían rechazadas si vivieran siglos atrás, ya que las gorditas de caderas voluminosas fueron la sensación durante mucho tiempo.

Buscar respuestas fáciles de este tipo es abandonar otros asuntos más importantes que a través de su discusión podrían ofrecernos más posibilidades de crecimiento y educación. Como si en vez de analizar, estudiar y, obviamente, encantarse con la obra de Renoir o de Vincent Van Gogh, nos quedáramos discutiendo quien fue el mejor y qué lienzo se convirtió en el más importante para la humanidad.

O intentar establecer cuál es más fantástico: el David de Miguel Angel o la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. Ahora, ¡seamos lúcidos! Podemos tener en mente que cierto equipo es más capaz que otro, pero es imposible determinarlo — particularmente en fútbol — ya que este deporte es uno de los pocos (si no el único) que no depende de regularidad para proporcionar la victoria a uno u otro equipo.

Pero volvamos a la Copa América 2011.

Evaluando el inicio del torneo de las grandes selecciones del continente, nadie en su sana conciencia daría el favoritismo a una de ellas. Así que Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay deberían ser vistos con sospechas y lejos de cualquier favoritismo.

Sin embargo, el fútbol es tan dinámico que todo puede cambiar en un único partido o, lo que es más frecuente, por una buena actuación. Y en este caso quien sale adelante con una buena ventaja — asociada con otros parámetros como jugar al lado de su pueblo y la expectativa de dos décadas esperando un título importante en adultos — es Argentina.

Las modificaciones realizadas en el equipo no sólo dieron resultado sino que posibilitaron que su mejor jugador, Lionel Messi, encontrara la libertad para desfilar todo su talento. Lo que no es poca cosa.

El único rival que podrá enfrentar a los dueños de casa es la selección brasileña. No por su capacidad colectiva, pero sí por sus individualidades que pueden complicar la vida de cualquier adversario. Entonces, para completar, en este instante yo apostaría — con las obvias reservas de siempre — por Colombia, Chile, Argentina y Brasil.

Sólo esperamos que la calidad técnica de estos equipos crezca proporcionalmente a su importancia mundial o a la expectativa creada para esta competencia.

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Sócrates fue capitán de la selección brasileña en el Mundial de 1982. También disputó el Mundial de 1986 y es considerado uno de los mejores mediocampistas de todos los tiempos. Para comentarios pueden escribir por Twitter a http://twitter.com/AP_CopaAmerica