Mientras las negociaciones por el presupuesto y la deuda fracasaban en la Casa Blanca, los principales demócratas y republicanos en el Senado de antemano iniciaban el jueves el plan B.

La estrategia incluye un plan sin precedentes que otorgaría al presidente Barack Obama mayor autoridad sobre el límite de endeudamiento del gobierno mientras que un Congreso amargamente polarizado efectúa cualquier recorte al gasto que pueda conciliar.

El líder republicano Mitch McConnell, de Kentucky, comenzó todo al anunciar un drástico plan que permitiría a Obama conseguir un aumento en el límite de deuda sin la aprobación legislativa.

Para entrar en vigor, el plan del congresista tendría que ser aprobado por la Cámara de Representantes y el Senado y recibir la firma del presidente.

El líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, de Nevada, apoya la idea de McConnell pero espera cambios, entre ellos la incorporación de un paquete de consenso de tal vez 1.700 billones de dólares en recortes al gasto que han tomado forma en las negociaciones de junio encabezadas por el vicepresidente Joe Biden y que continuaron la semana pasada en la Casa Blanca.

El plan de McConnell, aunque difícil de ejecutar, básicamente le daría a Obama el poder de ordenar un incremento en el límite de endeudamiento de hasta 2.500 billones de dólares durante el siguiente año a menos que tanto los Representantes como el Senado voten por un margen de dos terceras partes para negárselo. El presidente también tendría que ofrecer recortes al gasto, pero tendrían que superar el proceso legislativo normal.