El gobierno de Irlanda convocó al embajador del Vaticano después que un informe de expertos halló que la Santa Sede desalentó discretamente a los obispos irlandeses a que denunciaran a los sacerdotes pedófilos a la policía.

El canciller Eamon Gilmore se reunió con el diplomático del papa Benedicto XVI, el arzobispo Giuseppe Leanza, un día después que los investigadores hallaron que el Vaticano en 1997 alentó a los obispos a desacatar las nuevas reglas de la Iglesia irlandesa para proteger a los niños.

La más reciente investigación irlandesa sobre encubrimiento de abusos por parte de religiosos puso de manifiesto una carta en 1997 del Vaticano a los obispos irlandeses en la que criticó su política de protección a los niños. La AP publicó esa carta en enero.

El primer ministro Enda Kenny, que no asistió a la reunión, dijo que el papel del Vaticano al anteponer el derecho canónico a la ley penal irlandesa era "absolutamente ignominioso".

Asimismo, prometió aprobar una legislación que penalice ocultar de la policía pruebas de abuso infantil, incluso información obtenida por un sacerdote en el confesonario. La Iglesia dice que el sacerdote no puede revelar lo que se dice en una confesión, ni siquiera un delito.

Kenny agregó que la Irlanda del siglo XXI ya no actuará en deferencia a la autoridad católica. Su comentario puso de manifiesto el cambio producido en una nación que durante mucho tiempo reverenció las enseñanzas católicas, pero que ha tenido que pagar más de 1.000 millones de euros (1.400 millones de dólares) en indemnización a las víctimas de abusos sexuales por parte de religiosos.

Durante las dos últimas décadas de escándalos de abuso de menores en la Iglesia católica irlandesa, el Vaticano insistió en que era un problema exclusivamente local que los dignatarios de la Santa Sede lamentaban. El papa Benedicto XVI lo reiteró en su carta pastoral del 2010 al pueblo irlandés.

Después de su breve entrevista con el canciller, el arzobispo Leanza se negó a responder preguntas de la prensa. En cambio leyó una breve declaración en la que expresó "el compromiso total de la Santa Sede para tomar todas las medidas necesarias a fin de asegurar la protección de los niños".

Los funcionarios del Vaticano no formularon comentarios al respecto.