Un antiguo inspector de minas de carbón de Nueva Zelanda declaró el jueves que en varias ocasiones alertó de los problemas en la mina Pike River antes de que ocurriera la explosión que mató a 29 personas y que pidió que la cerraran.

Harry Bell atestiguó durante una investigación oficial en torno al desastre de noviembre que le dijo a los encargados de la mina que sus planes para tener una sola entrada eran una "locura" y que temía que el sistema de ventilación de gas fuera inadecuado.

Bell, cuyo sobrino murió en la explosión, habló el jueves como testigo experto. Criticó la falta de inspecciones regulares en las minas de Nueva Zelanda después de los cambios regulatorios en la década de 1990.

Una comisión de tres miembros está investigando la causa de las explosiones por gas metano y podría recomendar cambios a la industria minera del país.