La imponente estatua de Jesús ubicada sobre un cerro a pocos metros del Océano Pacífico tiene un inquietante parecido con el majestuoso Cristo Redentor de Río de Janeiro. La similitud no es accidental.

Para muchos peruanos, la estatua de 21 metros (118 pies) de altura es un símbolo de la creciente influencia comercial y política de Brasil, y ha sacado a relucir los temores de que Perú es demasiado complaciente con el país más poderoso de América del Sur.

La estatua, diseñada por el escultor brasileño Tatti Moreno en su taller ubicado en el estado brasileño de Bahía, pesa 70 toneladas y costó un millón de dólares, pagado casi en su totalidad por la multinacional brasileña Odebrecht.

El presidente saliente de Perú, Alan García, la denominó "Cristo del Pacífico" y mandó colocarla sin consultar a la población.

La aparición del monumento a Cristo coincide con la rápidamente creciente inversión brasileña en Perú, aunque España, Gran Bretaña, Estados Unidos, Holanda y Chile — en ese orden — han traído mucho más dinero a este país.

"Tengo pesadillas donde veo que el presidente del Perú es Odebrecht y lo único que elegimos cada cinco años es a su representante", escribió en su cuenta de Twitter César de María, un reconocido dramaturgo peruano.

La estatua, elaborada con fibra de vidrio, fue inaugurada el 29 de junio, un mes antes de que comience el periodo de gobierno de Ollanta Humala, quien ha elogiado el liderazgo del partido izquierdista que gobierna el gigante vecino de Perú desde el 2003.

Humala tuvo dos asesores políticos ligados al Partido de los Trabajadores, que gobierna Brasil, y el primer viaje que realizó tras ganar las elecciones el 5 de junio fue para reunirse con la presidenta brasileña Dilma Rousseff y su predecesor Luiz Inácio Lula da Silva.

Durante su campaña por la presidencia, Humala visitó Brasil cuatro veces y mostró públicamente una fuerte admiración por Lula, cuyo estilo — de lucha contra la pobreza mezclada con libre mercado — describió como el único modelo de gobierno "que va viento en popa".

Aunque muchos peruanos de clase media, como la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, juzgaron la estatua de Cristo como carente de gusto y no grata, Humala comentó con extremo tacto que la escultura "mejorará el panorama" de la capital.

Odebrecht dijo en respuesta a una pregunta de la AP que financió el Cristo de Perú como parte de su política de "difundir la expresión artística" en países donde realiza negocios. Añadió que también ha financiado obras artísticas en Angola y en el aeropuerto internacional de Miami, además de haber apoyado publicaciones en Argentina, Venezuela y Panamá.

En reciente cita con gobernadores, Humala calificó a Brasil de "socio estratégico que quiere salir al Pacífico", y recordó que, para llegar al océano más grande del planeta, sus vecinos de habla portuguesa "usan el canal de Panamá y el estrecho de Magallanes". Por ello les pidió prepararse para cuando "vengan las inversiones brasileñas hacia el Pacífico".

Esto ha aumentado preocupaciones locales de que los intereses brasileños podrían imponerse en detrimento de las prioridades peruanas, especialmente por la enorme demanda de electricidad en Brasil.

"En los negocios nada es gratis. Espero que Humala no se deje influir por los brasileños, que son los verdaderos monstruos de los negocios en Latinoamérica", dijo Santiago Brito, estudiante de la Universidad Sedes Sapientiae, de Lima.

Muchas de las más grandes empresas de Perú han sido compradas por dinero de países vecinos. Capitales chilenos han invertido desde la década pasada en aerolíneas, supermercados, cadenas de farmacias y tiendas por departamentos.

En 2010, la inversión directa de Brasil en Perú fue de 1.014 millones de dólares, casi el triple que en el 2009, cuando sumó 492 millones. La cámara de comercio Perú-Brasil (Capebras) estima que alcanzará 32.000 millones en 2016.

El poder comercial de las empresas brasileñas en Perú se expandió durante el gobierno de Alan García y de su antecesor Alejandro Toledo, quien es el actual socio político de Humala.

Otro aspecto en el que se puede ver la influencia de las empresas brasileñas en Perú son los grandes proyectos de infraestructura.

Odebrecht está por concluir la vía Interoceánica, que conecta a Brasil con la costa peruana del Pacífico, lo que podría ayudar a las exportaciones brasileñas hacia China; también construye un sistema de irrigación que permitirá el uso agrícola de 43.000 hectáreas (106.253 acres) en el norte peruano.

Esta semana se inauguró el primer tren eléctrico de Lima, cuya construcción corrió a cargo de Odebrecht y de la empresa peruana Graña & Montero.

El conglomerado Votorantim compró minas de zinc y la refinería más grande de este metal en Perú. Actualmente produce indio en sus plantas locales, un metal usado en la fabricación de pantallas de televisores y computadoras.

Vale, el principal productor mundial de mineral de hierro y cuya mayoría accionaria es del Estado brasileño, explota en un desierto norteño de Perú los más grandes depósitos sudamericanos de fosfato — un insumo para elaborar fertilizantes_, con el que abastece a agricultores de Brasil que antes lo compraban a mayor precio a Marruecos.

Gerdau, la empresa cuyo dueño Jorge Gerdau es amigo personal de Lula y asesor de Rousseff, compró la mayor planta local productora de acero y en 2011 anunció que busca invertir 120 millones de dólares los próximos tres años.

Analistas brasileños dicen que la agresividad comercial de las empresas brasileñas es parte de un esfuerzo estatal que busca crear multinacionales brasileñas fuertes, a las que brinda crédito con tasas preferenciales por medio del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES), la mayor fuente del crédito corporativo en el gigante sudamericano.

La potencia crediticia del BNDES es tal, que tan sólo en el primer trimestre de 2011 prestó 15.400 millones de dólares a empresas en su país, una cifra mayor a toda la inversión directa en Perú proveniente de España, Gran Bretaña, Estados Unidos, Holanda y Chile durante el 2010, que sumó 14.621 millones de dólares.

César Bonamigo, encargado comercial de la embajada de Brasil en Lima, sostuvo que el aumento de las inversiones de su país "dependerá del éxito de algunos proyectos específicos, como el Gasoducto Andino del Sur o de un polo petroquímico en el sur de Perú".

El gasoducto de 1.085 kilómetros (674 millas) — cuya construcción realizaría Odebrecht — llevaría gas natural desde los yacimientos de Camisea, en la selva de Cusco, hasta el resto del sur peruano (rico en minas de cobre) y a un polo petroquímico propuesto por la estatal brasileña Petrobras y Odebrecht.

Durante el 2010, Brasil sufrió 91 apagones, debidos principalmente a la incapacidad de la red eléctrica para satisfacer la creciente demanda de su industria, por lo que está interesado en cinco proyectos hidroeléctricos en la selva peruana que le permitirían dejar de importar desde Asia y Estados Unidos diesel empleado en la producción de electricidad.

Un proyecto hidroeléctrico en particular ha generado gran oposición local y la preocupación acerca de si Humala podría favorecer indebidamente a los brasileños, ya que el 80% de sus 2.000 megavatios de producción se enviarían a Brasil.

El proyecto de Inambari inundaría 410 kilómetros cuadrados (158 millas cuadradas) de selva tropical, que incluye un tramo de 100 kilómetros (60 millas) de la recién construida vía Interoceánica, y desplazaría a 7.000 personas, muchas de ellas mineros artesanales de oro.

Durante su campaña por la presidencia, Humala dijo a los lugareños que respetaría sus deseos incluso si se oponían a la construcción de la presa. Alan García detuvo en junio el proyecto de 4.000 millones de dólares de las empresas brasileñas OAS y la estatal Eletrobras, con lo que la decisión recaerá en Humala.

Es previsible que Brasil continúe presionando para que se construya la presa de Inambari, pero los locales no quieren ni oír de hidroeléctricas.

Hernán Vilca Soncco, un indígena quechua que se opone al proyecto, dijo por teléfono a la AP que no detendrán sus protestas "hasta botar a patadas a los brasileños que están a cargo de la (construcción de la) hidroeléctrica".

Alan Fairlie, profesor de la Universidad Católica de Perú y estudioso de la inversión brasileña, considera que "la percepción de Brasil y la inversión brasileña en Perú es positiva", pero que "la excepción es Inambari", por lo que sugirió a Humala negociar una solución.

Marco Aurelio García, asesor de la presidenta Rousseff en política exterior, dijo a periodistas durante la visita de Humala que Inambari es "un proyecto muy importante" para Brasil.

El embajador saliente de Brasil en Lima, Jorge Taunay, ha tratado de diluir los temores de que Brasil tenga ambiciones neocoloniales y dijo a la revista Caretas que "no existe el menor riesgo de satelizar al Perú. No está en la naturaleza de Brasil".

Pero un peruano preocupado por las potenciales implicancias de Brasil es Guillermo Vásquez, un profesor retirado del Centro de Altos Estudios Nacionales, la institución académica estatal donde se instruyen los militares andinos.

"Brasil busca convertirse en una gran potencia mundial y va a llegar a serlo; para eso necesita llegar al Pacífico, que es el océano que ha desplazado a la influencia que antes tenía el océano Atlántico", dijo.

"Brasil se nos viene. ¿Qué haremos frente a eso? Lo veremos en los próximos años", sentenció.

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Los periodistas de la AP Frank Bajak, en Lima, y Bradley Brooks, en Sao Paulo, Brasil, contribuyeron para este despacho.