La "fiebre" del trabajo privado en Cuba y la proliferación de pequeños comercios en casi cualquier sitio ha llevado a las autoridades a lanzar una campaña de divulgación sobre los espacios públicos donde se pueden montar estos negocios en aras a preservar la "imagen urbana", el "orden" y el "buen gusto".

El Instituto de Planificación Física (IPF), que controla el ordenamiento territorial, ha editado miles de folletos y pancartas para orientar a los nuevos trabajadores por cuenta propia y evitar construcciones, carteles u otros soportes que atenten contra la "imagen del entorno", informaron hoy medios oficiales.

Muchos cubanos, según admite este martes el diario Granma, desconocen las regulaciones urbanísticas para establecer su negocio, y no saben dónde encontrar asesoramiento.

Tras la ampliación del sector privado el año pasado, una parte de los nuevos "cuentapropistas" emprendió la construcción de mostradores, muros, bancos y otros elementos en las áreas externas de sus casas o edificios, para instalar negocios como cafeterías o bazares.

El "cuentapropismo" ha cambiado la fisonomía de ciudades como La Habana, algunas de cuyas calles se han convertido en auténticos mercadillos donde se pueden encontrar desde ropa, hasta copias piratas de CDs o DVDs, artículos del hogar u objetos para practicar la santería.

El presidente del IPF, Graciel Rodríguez, explicó a Granma que toda "modificación o ampliación" de espacios exteriores con fines laborales requiere de una autorización, y es obligatorio realizar esos trámites para colocar "elementos ligeros" de protección solar, soportes gráficos o carteles.

Además, existe la política de "no hacer masivo el uso de kioscos para ejercer el trabajo por cuenta propia", sino agruparlos en áreas "concentradas".

Muchas de estas áreas están instaladas en solares urbanos donde los "cuentapropistas" pagan un impuesto diario por ocupar uno de los puestos, explicó hoy a Efe Óscar, un habanero que se dedica a reparar calzado y que paga 20 pesos cubanos al día (unos 80 centavos de dólar) por ese espacio.

Actualmente, las autoridades de la isla estudian también construir bazares en los espacios "ociosos" que existen en las ciudades.

De hecho, ya hay antiguos centros comerciales, como el habanero "Fin de Siglo", que desde hace años dan "cobijo" a puestos de vendedores por cuenta propia y que con la ampliación de esta modalidad laboral han decidido dedicarles más espacios.

Hasta mayo pasado, unas 309.728 personas ejercían el trabajo privado en Cuba, y de ellas 221.839 (el 71 %) obtuvo su licencia tras la apertura del sector en octubre de 2010, cuando el Gobierno de Raúl Castro autorizó la ampliación de esa modalidad como parte de sus reformas económicas.

Según datos oficiales, la mayoría de las nuevas autorizaciones corresponde a la actividad de "elaboración y venta de alimentos", que abarca desde la apertura de restaurantes hasta pequeñas cafeterías o puestos de venta de comida en la calle.

Entre las licencias más demandadas también está la de "productores y vendedores de artículos de uso en el hogar", que ofertan productos diversos desde artesanía hasta ferretería.

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