Las presiones económicas podrían haber causado que la operación de una mina de carbón en Nueva Zelanda se extendiera antes de una explosión que mató a 29 trabajadores el año pasado, dijo el lunes un ejecutivo del sector energético.

El ejecutivo testificó como experto durante el primer día de la investigación del mayor desastre minero del país en décadas.

El incidente sucedió en noviembre cuando explosiones por uso de metano se registraron en la mina Pike River en la costa oeste de Isla del Sur.

La investigación busca descubrir cualquier problema sobre procedimientos de seguridad u operativos de rescate. El jurado podría recomendar cambios a la industria minera de Nueva Zelanda. El caso se presenta dos semanas después de que personal ingresaron a la mina por primera vez desde el accidente para tratar de recuperar los cadáveres de los trabajadores. Este operativo probablemente lleve meses mientras la cuadrilla entra lentamente en la mina, instala sellos de aire y extrae gases peligrosos.

Don Elder, jefe ejecutivo de Contact Energy, dijo el lunes ante la comisión de tres integrantes que la empresa Pike River Coal Ltd. se encontraba en una posición económica riesgosa dado que no contaba con otras minas que ayuden a generar flujo de divisas.

Poco después de la explosión, Pike River se declaró en bancarrota.

Varios familiares de las víctimas estuvieron presentes durante la declaración de Elder.

Bernie Monk, cuyo hijo Michael falleció en la detonación, dijo esta semana a The Associated Press que los familiares desean saber la verdad sobre lo que salió mal y asegurarse que nunca vuelva a suceder.