Un anciano con las mejillas hundidas está tan deshidratado que tiene que ser cargado por el terraplén que lleva a la clínica, donde priva un intenso olor a lejía.

Unos minutos más tarde, un padre con rostro preocupado entra al lugar, llevando a una niña de 2 años en un vestido blanco, con los ojos hundidos y perdidos. Les sigue otro paciente anciano, demasiado débil para caminar.

Esas escenas han vuelto a ser comunes en gran parte de las zonas rurales de Haití, donde ha resurgido una letal epidemia de cólera que recorrió el país a fines del año pasado, impulsada por semanas de intensas lluvias que han ayudado a la dispersión de la bacteria que florece en los ríos y arrozales del país.

El centro de tratamiento en Mirebalais, un pueblecito polvoriento a una hora en auto desde la capital, está recibiendo de nuevo a decenas de nuevos pacientes cada día, muchos al borde de la muerte a causa de la deshidratación.

"Cuando la gente llega aquí está en condiciones críticas, a punto de morir", dijo Francole Adonis, que registra los nuevos arribos en el centro en Mirebalais. "Se desploman en el patio. La situación es horrible".

El cólera está de nuevo en ascenso porque se disemina en el agua, y Haití, al igual que muchos otros países del Caribe, ha sido azotado recientemente por fuertes lluvias. Además, los ríos del departamento de Artibonite, donde beben, se bañan y lavan sus ropas muchos haitianos rurales, están incrementando su nivel en el valle.

El número de pacientes en el centro de tratamientos en Mirebalais se quintuplicó de abril a mayo, y desde entonces el flujo no ha amainado, dijo Louise Ivers, principal asesor de Partners in Health (PIH), una agrupación estadounidense sin fines de lucro que ofrece ayuda de salud en países en desarrollo. En la actualidad administra la clínica en colaboración con el Ministerio de Salud.

"A veces son 50 pacientes en un día. A veces son 200", dijo Pierre-Marie Cherenfant, un médico de Mirebalais que supervisa el centro.

Otros centros de salud en el Altiplano Central también están reportando un incremento drástico en semanas recientes, dijo Ivers. En todo el país hasta 1.700 personas al día estaban solicitando tratamiento por cólera a mediados de junio, de acuerdo con el Ministerio de Salud.

El cólera ha enfermado al menos a 360.000 personas y causado más de 5.500 muertes desde el estallido del brote en octubre, dice el ministerio. La cifra total es imposible de conocer, pues muchos haitianos viven en zonas rurales remotas sin acceso a atención médica. La enfermedad es fácil de tratar si el paciente recibe atención a tiempo.

Cuando comenzó el brote, con el país abrumado por otros problemas — incluyendo intentar encontrar vivienda para centenares de miles que quedaron desamparados tras el terremoto de enero del 2010_, voluntarios extranjeros llegaron al país masivamente para trabajar en clínicas rurales y ayudar a proveer acceso a agua limpia. Pero muchos de ellos se han ido y existe el temor entre quienes quedan de que no habrá suficientes recursos si siguen aumentando los casos.

"Si los casos continúan creciendo a este paso, pudiéramos comenzar a sufrir agotamiento entre los trabajadores de salud", dijo Cate Oswald, una coordinadora de PIH. "La fuerza laboral de salud está trabajando ya por encima de sus límites".

Cuando comenzó el brote, muchos temían que pudiera devastar Puerto Príncipe, donde centenares de miles de personas estaban viviendo en campamentos establecidos tras el sismo. Pero la gente en la capital tenía acceso a letrinas y agua potable, gracias a la vasta operación internacional de ayuda, y la ciudad básicamente se salvó de lo peor de la epidemia. La situación fue mucho más sombría en el norte y en el Altiplano Central.

Aún así, existen indicios de un creciente problema en Carrefour, una atestada ciudad en la costa junto al borde occidental de Puerto Príncipe. Los centros de tratamiento allí estaban reportando más de 300 casos al día a principios de junio, más del doble de lo que reportaban en noviembre, dice el grupo de ayuda Oxfam.

Una letrina de emergencia construida en Carrefour se desplomó por las fuertes lluvias, y los excrementos se vertieron a un campamento, dijo un reporte en junio del grupo de albergues administrados por la ONU.

Mark Henderson, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés), dijo que muchas organizaciones no gubernamentales tuvieron que usar fondos de respuesta al terremoto en un esfuerzo desesperado de prevención y tratamiento del cólera a finales del año pasado.

Pero el dinero se ha agotado. "Los fondos iniciales que todo el mundo recibía se acabaron", dijo Henderson.

Oswald, la coordinadora de PIH, recuerda cómo había voluntarios en todas partes tras estallar el brote, proporcionando suministros claves como lejía, que es rociada en zapatos y en los centros de tratamiento para evitar la diseminación del cólera.

"En un momento dado nos preocupó que hubiese mucha duplicación de gestiones", dijo. "Entonces llegaron las lluvias ... Y el cólera sigue aquí".

Aunque el número de nuevos casos ha vuelto a aumentar, el Ministerio de Salud dice que la tasa de mortalidad sigue por debajo de 2%, la mitad del nivel que tenía cuando comenzó el brote.

La razón de que haya disminuido se debe a que la gente no está esperando a mejorar por su cuenta, como muchos hicieron anteriormente, y en lugar de ello busca tratamiento de inmediato. El gobierno y los trabajadores de ayuda atribuyen eso a una campaña de salud pública que ha incluido anuncios radiales y mensajes de texto para educar a las personas sobre la enfermedad.

Haití no había tenido un brote de cólera hasta octubre, pero la causa original ya no es un misterio. El 29 de junio los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos reportaron que existía sólida evidencia de que una misión de soldados de paz de Nepal, basada en Mirabelais, importó inadvertidamente la enfermedad.

El informe señala "una correlación exacta" en tiempo y lugar entre el arribo del batallón nepalés desde un área en el sur de su país que estaba sufriendo un brote de cólera y la aparición de los primeros casos en un río haitiano unos pocos días más tarde.

Un panel creado por la ONU determinó que las malas condiciones sanitarias en el campamento hicieron posible la diseminación de la bacteria desde el río que pasa junto a él rumbo a otras vías fluviales.