Lo que no ha conseguido en su tierra lo ha logrado en Albania. El ex presidente de EEUU George W. Bush será perpetuado en el pequeño país balcánico de mayoría musulmana con una estatua colocada en Fushe Kruje, una localidad que lo acogió en 2007 como un verdadero héroe.

La estatua de bronce que mide unos 3 metros, muestra a Bush en camisa remangada saludando con la mano izquierda desde un pedestal de piedra colocado en la plaza central que lleva también su nombre y que ha sido renovada para esta ocasión.

En su inauguración celebrada esta semana, asistió el primer ministro, Sali Berisha, que no dejó de elogiar a Bush y a los estadounidenses con quienes los albaneses "están vinculados como con ninguna otra nación del planeta".

Berisha evocó el apoyo de los EEUU a la independencia de Albania en 1912 en contra de los esfuerzos de las "potencias depredadoras europeas que hicieron todo lo posible para borrar del mapa de Europa a los albaneses, uno de los pueblos más antiguos" del continente.

"La decisión sobre la construcción de la estatua fue unánime. Su visita es irrepetible. Se lo merece. Bush prometió entonces la independencia a los albaneses de Kosovo y la entrada de Albania en la OTAN", lo que ya son una realidad, dijo a Efe, Arben Kupa, uno de los 25 miembros del consejo municipal que firmaron la iniciativa.

Pero a diferencia de la recepción calurosa que los 12.000 habitantes de Fushe Kruje ofrecieron en junio de 2007 a Bush y tratando de besarle la mano, a la inauguración de la estatua apenas acudió un centenar de personas, la mayoría niños.

Entre los que faltaron fueron la panadera, Klarita Topi, la modista, Luiza Mukaj, que junto con un barbero, un pastor, y una gitana, se sentaron a charlar con Bush y su mujer, Laura, mientras tomaban un café en el bar de Festim Cela.

"Klarita no está. Su hijo ganó una lotería y se han marchado a Nueva York. Mi tienda está inundada, se estropeó la maquinaria y no me pude ir. La lluvia entró dentro porque cuando asfaltaron la calle taparon la canalización", se queja Arben, hermano de Klarita, que gestiona la panadería que visitó Bush en su momento.

También Festim, que bautizó su bar con el nombre de George W. Bush en honor al especial huésped, todavía no ha visto la estatua.

Dice que la gente tiene curiosidad de verla, pero que su preocupación principal ahora es el desempleo y los altos precios.

Desde su bar vacío afirma entristecido que su negocio está en crisis de la que no la puede salvar ni el nombre de Bush, ni la mesa, ni la silla donde se sentó, "objetos de culto" que antes le habían servido para atraer a muchos visitantes.

"¿Como podrá querernos Bush si no nos quieren nuestros políticos?. Con 100.000 euros que costó la estatua y el arreglo de la plaza hubieran asegurado pan durante un año a todos los pobres de Fushe Kruje", dice Fatime que vende cigarrillos en la plaza para mantener a sus dos hijos inválidos.

"A mi no me gustó la estatua. La han hecho sin reloj. Esto da razón a los que nos acusaron de que robamos el reloj de Bush", dijo indignado Agim.

La única que no ha perdido el entusiasmo de 2007 es la anciana Thomaidha Kaziu, pese a que el año pasado unos ladrones le robaron en su casa el bolígrafo que le había regalado el ex presidente.

Con la foto de Bush en mano y sentada en el sofá de su humilde vivienda donde vive sola recita con pasión: "Llegaste sin madre consigo, aquí en Fushe Kruje la encontraste".

Con estos versos, la mujer de 73 años, de religión ortodoxa pero que en la pared tiene colgado un tejido de la Mekka, recuerda el "inolvidable" momento en que Bush le abrazó y le dijo que se parecía a su madre.

Por Mimoza Dhima