A pesar de contar con una economía pujante, el presidente chileno, Sebastián Piñera, está viviendo un desplome de popularidad en las encuestas, que reflejan el estallido social de un país lastrado por la desigualdad que denuncian los ciudadanos en masivas protestas.

Según la encuesta Adimark conocida este jueves, el rechazo al mandatario ascendió en junio al 60 % y su apoyo descendió al 31 %, el nivel más bajo desde que asumió el poder en marzo de 2010, tras ganar las elecciones con un 51,61 % de los votos.

Ese descenso en la popularidad -que afecta no sólo al presidente, sino también al Gobierno y a la oposición- es el reflejo de las multitudinarias protestas de miles de estudiantes, que piden más recursos y el fin del lucro en la educación, y de ciudadanos contrarios al proyecto de HidroAysén, que contempla la construcción de represas en la Patagonia.

A ello hay que añadir conflictos regionales, como los que soliviantaron a los ciudadanos de la austral región de Magallanes y de la desértica ciudad de Calama, y laborales, como los que enfrentan los trabajadores de la estatal Codelco, la mayor productora de cobre del mundo.

La estabilidad institucional, con una democracia sólida que ha ahuyentado los fantasmas de la dictadura, y la efervescencia de las redes sociales se han conjurado también en este estallido social, según los analistas consultados por Efe.

Las protestas contrastan, sin embargo, con un inmaculado escenario macroeconómico, con tasas de crecimiento superiores al 7 % interanual y un desempleo de apenas el 7,2 %.

Pero, según los expertos, el elevado rechazo a Piñera se debe al malestar social acumulado durante años en un país altamente desigual, descontento que ha explotado con la llegada de un Gobierno nutrido de empresarios, como lo fue el propio mandatario, cuya fortuna personal, según la revista Forbes, asciende a 2.400 millones de dólares.

"El Gobierno carece de credibilidad suficiente para paliar estos problemas porque es el fiel representante de la desigualdad" teniendo en cuenta por quién está formado y qué tipo de decisiones toma, manifestó a Efe Mauricio Morales, académico de la Universidad Diego Portales.

Morales recuerda además que Piñera ganó los comicios con el apoyo de 3,7 millones de chilenos, apenas el 29 % de la población en edad de votar.

Ya antes de ganar, "Piñera era percibido como una persona que tenía problemas de credibilidad y conflictos de intereses; pero fue elegido por un voto de castigo, para sacar a la Concertación del poder; no por un voto de premio", sostiene este polítólogo.

Sebastián Piñera es el primer gobernante conservador que dirige el país desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y tras 20 años en el poder de la Concertación de centroizquierda (1990-2010), que mantuvo sin grandes cambios el sistema neoliberal.

La Concertación tampoco ha sacado rédito de la baja popularidad de Piñera, y en el último sondeo de Adimark cosecha una desaprobación del 68 %.

"Este rechazo se extiende a la clase política en general, y es reflejo de una serie de situaciones acumuladas en los últimos años, donde Chile está alcanzando récords importantes de desigualdad", señaló a Efe el economista Marco Kremerman, de la Fundación Sol.

En los últimos 20 años, la economía chilena ha crecido a un promedio anual del 5,1 % y en 2010 alcanzó un PIB per cápita de 14.341 dólares, pero permanece entre los 15 países más desiguales del planeta, asegura el experto de esta organización no gubernamental especializada en investigación y análisis del mundo laboral.

Y aunque la prosperidad económica del país más avanzado de América Latina resulta palpable, lo cierto es que no se plasma en una mejora de la calidad de vida de las familias chilenas.

Así, por ejemplo, en 2006 el ingreso autónomo del 5 % de los hogares más pobres era 500 veces inferior al del 5 % más rico, mientras que en 2009 esa brecha se amplió hasta 830 veces.

Según Kremerman, los Gobiernos de la Concertación "tuvieron una habilidad política especial y, al mismo tiempo que aplicaban leyes nefastas, aumentaban el salario mínimo y reformaron la justicia laboral".

En cambio, con la administración Piñera, los ciudadanos perciben que "Chile ahora está administrado por sus propios dueños", agrega.

"Los dueños ya no están haciendo 'lobby' detrás, sino que ahora están delante poniendo la cara, y eso ha hecho que explote la rabia y el descontento", concluye este economista.