Las autoridades paquistaníes se esfuerzan hoy por controlar la ola de violencia que está ocasionando decenas de asesinatos en la capital financiera de Pakistán, la sureña Karachi, y donde los barrios más afectados son los de Orangi, Kasba, Banaras y Baldia.

Muchos establecimientos han cerrado sus puertas y los autobuses de línea no circulan por la ciudad, la más poblada de Pakistán, donde las autoridades han ordenado el despliegue de un millar de agentes de la guardia de fronteras.

Desde ayer, al menos 36 personas han perdido la vida en la ola de violencia armada, informaron a Efe fuentes policiales, aunque los medios de comunicación paquistaníes elevan a más de 90 los fallecidos en los últimos cuatro días.

Los tiroteos continuaron hoy en la capital de la provincia meridional de Sindh, que ha sufrido ataques contra autobuses, viviendas y enfrentamientos armados durante los últimos días.

Una fuente policial aseguró a Efe que muchos de los asesinatos no tienen un tinte étnico-político, aunque el escenario de fondo de la violencia es la rivalidad tradicional por el control de hecho de la ciudad más importante de Pakistán.

El ministro paquistaní de Interior, Rehman Malik, instó a la prensa a no "actualizar el número de víctimas como si fuera un marcador de críquet" y reveló que a la violencia de estos días "se han unido otros grupos" que normalmente no estaban involucrados.

"Hay algunos enemigos (de Pakistán) que están intentando desestabilizar Karachi y sufrirán las consecuencias", añadió Malik en una comparecencia retransmitida por la televisión, durante la cual también informó de la detención de 89 sospechosos.

En Karachi se registran desde hace años los llamados "asesinatos selectivos", término con el que las autoridades se refieren a las muertes de ciudadanos -en ocasiones militantes de partidos- a manos de bandas criminales ligadas a siglas políticas.

El gobernante Partido Popular (PPP), el Partido Nacionalista Awami (ANP) y el Muttahida Quami Movement (MQM) son los principales actores en esta batalla por el control político de Karachi.

El MQM tiene su banco de votos en los mohayires, hablantes de urdu que llegaron de la India a Pakistán tras la partición en 1947 y que considera a Karachi uno de sus principales feudos, mientras que los pastunes tienden a apoyar al ANP.

"Nos han atacado y hemos perdido a muchas personas de habla pastún durante estos días, entre ellos menores", aseguró a Efe el secretario general adjunto del ANP, Hasham Baber.

Trece militantes de esta fuerza pastún laica han perdido la vida y veinte han resultado heridos durante los últimos tres días.

Baber deslizó que cada vez que el MQM pasa por un momento difícil, Karachi se resiente, aunque rehusó culpar al partido que representa a los mohayires de los asesinatos.

El político no descartó, sin embargo, que grupos ligados a los talibanes estén involucrados en el auge de la violencia urbana.

"Karachi es un semillero de mafias, bandas criminales que secuestran, grupos talibanes e incluso miembros de Al Qaeda", recordó Baber.

Con unos 18 millones de habitantes, el nervio financiero de Pakistán es una bomba demográfica con problemas de asimilación, algo presente en barrios obreros como Orangi, plagados de industrias, polvareda, marginalidad y hombres subidos en motocicletas.

En este y otros barrios cada vez se concentran más pastunes, habitantes tradicionales del noroeste paquistaní que tienen una colonia cada vez más nutrida en Karachi.

Según un informe de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (HRCP), el año pasado en esta ciudad fueron asesinadas 750 personas, con y sin vinculación a partidos políticos.

El de Karachi no es el problema de seguridad más serio que tiene un país con numerosos frentes abiertos contra los talibanes en la frontera con Afganistán, pero el crimen amenaza con estrangular la actividad económica de la ciudad.

En ella está, además, el principal puerto de Pakistán.