Los congresistas republicanos reiteraron hoy su intención de oponerse a los Tratados de Libre Comercio (TLC) de Estados Unidos con Colombia, Panamá y Corea del Sur, si van de la mano con los planes de ayuda para los trabajadores perjudicados como quieren los demócratas.

"Apoyo el Tratado de Libre Comercio de Corea del Sur y quiero que sea aprobado. Pero no puedo mirar a otro lado ante dudosos programas de gasto", explicó Orrin Hatch, senador republicano de mayor rango en el Comité de Finanzas de la Cámara Alta, en una audiencia.

Tanto demócratas como republicanos se muestran a favor de que sean ratificados por el Congreso estos TLC, impulsados durante la Administración del entonces presidente George W. Bush, pero ambos se han atrincherado tras la Ley de Ajuste Comercial (TAA, en inglés) como moneda de cambio.

La TAA, aprobada hace más de 50 años, ofrece ayuda económica y de capacitación laboral a los trabajadores estadounidenses perjudicados por la competencia exterior.

Por un lado, los republicanos consideran que la TAA no tiene sentido en un momento en el que el país necesita recortes de gasto.

En cambio, los demócratas han supeditado la aprobación de los Tratados de Libre Comercio con Colombia, Panamá y Corea del Sur a que vayan ligados a la renovación de la TAA que venció el pasado año, ya que temen que de votarse por separado no sea aprobada.

En este sentido se expresó en la audiencia de hoy el presidente del Comité de Finanzas del Senado, el demócrata Max Baucus, quien afirmó que la "TAA debe ser extendida a la par que los acuerdos de comercio".

"Los trabajadores estadounidenses deben tener la seguridad de que un programa de la TAA de acuerdo a sus necesidades estará disponible cuando se ratifiquen los TLC", dijo Baucus.

Aunque el Comité del Senado votó a favor de los tres acuerdos de libre comercio, los congresistas republicanos ya han afirmado que rechazarían el texto en la votación definitiva, si lleva incluida la prórroga de la TAA.

La aprobación de los TLC, que se calcula que proporcionarían 13.000 millones de dólares extras al año, forma parte del plan del presidente Barack Obama de duplicar las exportaciones estadounidenses en cinco años para ayudar a la revitalización de economía de EE.UU..