El presidente de Honduras, Porfirio Lobo, inauguró hoy un módulo de máxima seguridad de la Penitenciaría Nacional, al que serán remitidos delincuentes altamente peligrosos que ya están sentenciados.

La prisión, construida a un coste de 111 millones de lempiras (unos 4,8 millones de dólares), tiene capacidad para 220 reos y está dotada de un moderno sistema de control y seguridad interna y externa.

Lobo indicó que la nueva estructura presidiaria forma parte del programa de seguridad que impulsa su gobierno para frenar la ola de violencia y criminalidad que sufre su país, y agradeció a los gobiernos de los Estados Unidos y Colombia por su apoyo a Honduras en materia de seguridad.

El personal del módulo penitenciario fue entrenado en Nuevo México (EE.UU.) en traslado de prisioneros de alto riesgo, administración y clasificación de reclusos, informó a los periodistas el ministro hondureño de Seguridad, Oscar Álvarez.

Los sentenciados que sean remitidos a la nueva prisión permanecerán encerrados durante 22 horas diarias, mientras que una será para que tomen sol y la otra para su aseo personal, agregó el alto funcionario.

El sistema penitenciario de Honduras, constituido por unas 22 cárceles, es obsoleto y en muchas de las prisiones el número de reos duplica su capacidad instalada.

La población penitenciaria nacional supera los 10.000 reos, de los que en su mayoría no han sido sentenciados, producto de una mora judicial que data de hace varios años, según fuentes oficiales.

La inseguridad es otro de los problemas de las cárceles hondureñas, en las que con frecuencia se registran asesinatos de reos en las mismas celdas, como ha ocurrido esta semana con dos presuntos pandilleros, en diferentes hechos, en la Penitenciaría Nacional que se localiza a unos 25 kilómetros de Tegucigalpa.

El módulo de máxima seguridad inaugurado hoy está adscrito a la Penitenciaría Nacional, donde las autoridades no saben cómo explicar el ingreso de armas de fuego y corto punzantes que los internos utilizan para algunos de sus crímenes.