Esto parece inimaginable ahora, pero hubo una época en la que Derek Jeter no pensó que pudiera batear siquiera un sencillo en las Grandes Ligas.

Era un adolescente flaco en la división más baja de las menores, y pasaba las noches en soledad, llamando a sus padres en Michigan, para decirles en llanto que se sentía totalmente improductivo en el plato. Su fildeo era peor — los espectadores detrás de la inicial habían aprendido a agacharse cuando las pelotas rebotaban hacia Jeter, ante el temor de que el campocorto, con nulo control en sus disparos, enviara otra pelota a las butacas.

Del borde del fracaso, Jeter llegó a la franquicia más laureada del béisbol. Ahora, el capitán de los Yanquis de Nueva York está a punto de convertirse en apenas el 28vo toletero en la historia con 3.000 hits.

"Esta no era mi meta. No me preparé para esto", dijo Jeter, quien está a sólo tres imparables del hito. "Uno se concentra en jugar, se prepara para llegar aquí y para permanecer el mayor tiempo posible, siendo constante".

Jeter, de 37 años, comenzó el jueves la última serie de juegos de los Yanquis en casa antes de la pausa por el juego de Estrellas. El torpedero quiere alcanzar la marca en el Yankee Stadium.

¿Qué vendrá después? Eso está por verse. Jeter podría descender en el orden de bateo. Quizás recibirá más días de descanso, sustituido por el dominicano Eduardo Núñez.

¿Dejar el puesto de campocorto? También eso es posible.

Es difícil pronosticar el sitio que ocupará Jeter en el panteón de los Bombarderos del Bronx.

Ha conquistado cinco veces la Serie Mundial, ha sido elegido en 12 ocasiones para el Juego de Estrellas y ha conectado más imparables que cualquier otro bateador de los Yanquis en la historia. En la era de los agentes libres, que cambian de equipo como cambiar de camisa, Jeter se ha quedado en el Bronx.

Muchos aficionados admiten que Jeter no es una de las mayores leyendas del club. Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio y Mickey Mantle siguen probablemente en la cumbre.

Pero para muchos seguidores en esta generación, Jeter representa todos los aspectos positivos de este deporte.

Cuando Joe Torre era el manager de los Yanquis, Jeter lo trataba con respeto. Le llamaba el "señor Torre", sin un dejo de ironía. Al entonces presidente George W. Bush, quien iba a hacer el primer lanzamiento en un encuentro, Jeter le recomendó enviar la pelota al receptor "sin que rebotara en el piso", pero no se mostró arrogante. Habla con niños y niñas desde el círculo de espera, sin que su actitud parezca una mera pose.

Hay críticos, tanto en el barrio neoyorquino de Queens como en Boston, sede de los archirrivales Medias Rojas, quienes consideran que Jeter es el jugador más sobrevaluado de las mayores. Son los mismos que opinan a los gritos que no merece una placa en el Salón de la Fama.

Pero seguramente muchos quisieran ocupar el lugar de Jeter.

Ha tenido romances con algunas mujeres famosas, como la actriz Minka Kelly, pero ha logrado mantenerse lejos de las publicaciones sobre chismes de las celebridades.

Jeter acaparó muchas miradas cuando salió con Mariah Carey, pero el romance se acabó cuando ambas estrellas prefirieron dedicarse a sus respectivas carreras. Y cuando el fallecido dueño de los Yanquis, George Steinbrenner, manifestó su preocupación de que su joven astro pasaba demasiado tiempo divirtiéndose en la ciudad, Jeter disipó cualquier controversia al hacer un comercial humorístico para la televisión con su jefe.

Ese es parte del legado de Derek Sanderson Jeter. Pese a jugar muy cerca de Broadway, su carrera ha estado prácticamente libre de dramas escandalosos.

Desde luego, hace años, se mostró frío hacia su viejo amigo y futuro compañero Alex Rodríguez, luego de una aparente discusión. Tampoco le gustó que las negociaciones contractuales con el gerente general Brian Cashman en el invierno pasado trascendieran al público y se tornaran ríspidas.

Pero su búsqueda de un lugar en la historia ha puesto otra vez el énfasis en lo que ocurre dentro del terreno.

Llegó a las mayores en 1995, y comenzó bateando de 6-0 antes de conectar un sencillo al jardín izquierdo, en el viejo Kingdome de Seattle, contra Tim Belcher. Desde entonces, ha pegado 10 imparables en el Juego de Estrellas y 185 más en los playoffs, incluida la Serie Mundial.

También quedan para el recuerdo varias jugadas espectaculares, como la atrapada a guante volteado contra Oakland y la zambullida hasta el graderío frente a Boston.

Tiene un currículum envidiable. No es de extrañar que todos en Nueva York hablen ahora de cuándo llegará Jeter a los 3.000 hits. Todos lo mencionan, excepto el propio Jeter.

"Ningún otro Yanqui ha hecho esto. Eso habla muy claro de qué clase de logro es éste", dijo el boricua Jorge Posada, su compañero durante años. "Estoy casi seguro de que él piensa sólo en salir y ganar el juego, y que todo lo demás llegue solo".