Coldplay volvió a demostrar por qué es considerado uno de los grandes grupos de la última década en su concierto de hoy en Lisboa, donde conjugó su buen hacer encima del escenario -en realidad, su especialidad- con la mezcla de estilos, grandes éxitos y nuevos temas de su próximo disco.

La banda británica volvió a hacer gala de su constante evolución, que le lleva a entremezclar sin complejos títulos intimistas y bailables, sonidos instrumentales y electrónicos, a veces incluso en una misma canción.

Tras tres años de silencio -desde 2008, cuando sacaron "Viva la vida or death and all his friends"- se espera con ansiedad el lanzamiento de su nuevo y quinto álbum, del que hoy tocaron cinco canciones.

El secreto de su éxito, sin embargo, radica en la integración en su música de estos cambios sin alterar sus señas de identidad, principalmente en directo. Y Chris Martin, alma máter del grupo, fue el mejor ejemplo.

El cantante inglés bailó, brincó, dirigió sus dedos hacia el cielo, recurrió a sus famosos falsetes, tocó la guitarra y se encorvó ante el piano, como hace normalmente, en un ritual que repite incansable en cada actuación y que se reflejó en las marcas de sudor de su camiseta.

Al contrario que buena parte de sus coetáneos, Coldplay no sufre tocando sus éxitos de siempre -o al menos, por su entrega no lo parece-, y hoy hizo disfrutar al público con algunos de ellos.

"Yellow" e "In my place" fueron de los primeros en llegar, en un intento por animar a un público que por momentos se desconectó del concierto.

La puesta en escena también recordó a su estilo habitual. Sencilla, sin los artificios y las coreografías de otros superventas de hoy en día, tan sólo la ida y venida de instrumentos y las luces vistieron un escenario del que cayeron confeti y globos en otro par de temas, para deleite de los asistentes.

Después llegaron "Lost", cuando Chris Martin se puso por primera vez delante de un piano que prácticamente no abandonó en el resto del concierto, y "The Scientist", en uno de los momentos más emocionantes de su actuación.

Con el público en silencio, el escenario a oscuras y el líder de la banda iluminado por una tenue luz roja, la canción sonó aún mejor que en el disco, algo que se repitió en otras piezas.

Otro de los mejores momentos de su actuación llegó con "Viva la vida", a los que siguieron poco después "Speed of sound" y "Fix you".

Los ánimos se caldearon con el primer single de quinto álbum -todavía por publicar-, "Every Teardrop in the waterfall", algo así como "Cada lágrima es una catarata" en español, de un estilo mucho más discotequero de lo habitual, basado en la pegadiza "Ritmo de la noche" y con la que acabaron el concierto.

De este último trabajo también sonaron "Major Minor", ya divulgada a través de la web del grupo, y otros tres temas inéditos: "Charlie Brown", "US against the world" y "MX + Hurts like heaven", conocidas únicamente en la gira por festivales de medio mundo que comenzó este verano la banda británica y que mañana les lleva al Bilbao BBK Live.

La actuación de Coldplay sirvió de pistoletazo de salida para el Optimus Alive, considerado el festival de música más importante de Portugal, y por el que este año también pasarán Foo Fighters, Chemical Brothers y 30 seconds to Mars, entre otros.

Finalmente, el grupo británico cerró su concierto como lo empezó: Con una salva de fuegos artificiales que iluminó el cielo lisboeta y puso el colofón a un concierto diferente y genuino a la vez. Coldplay en estado puro.

Óscar Tomasi