Funcionarios estadounidenses y mexicanos firmaron el miércoles un acuerdo que permite a los camiones de cada país transitar las carreteras del otro, implementando así una cláusula clave del Tratado de Libre Comercio de 1994, luego de dos décadas de disputas.

Los secretarios de Transporte de México y Estados Unidos, Dionisio Pérez Jácome y Ray LaHood respectivamente, firmaron el memorándum de tres años, que se basa en un acuerdo anunciado en marzo por los presidentes Barack Obama y Felipe Calderón.

EL TLC contemplaba que los camiones mexicanos debían tener acceso a las carreteras de los estados fronterizos estadounidenses desde 1995 y pleno acceso a todas las carreteras de Estados Unidos para el 2000. Los camiones canadienses no tuvieron límite alguno.

Sin embargo, hasta ahora, raramente las autoridades estadounidenses permitieron que los camiones mexicanos fuesen más allá de una zona junto a la frontera. En represalia, México impuso aranceles sobre decenas de productos estadounidenses.

El gobierno mexicano acordó ahora suspender los aranceles mientras el acuerdo esté en vigencia.

El debate público sobre el acuerdo se había centrado mayormente en la seguridad de los camiones mexicanos, pero sindicatos y otros grupos estadounidenses se oponían fuertemente al acuerdo, alegando que costaría muchos empleos estadounidenses.

El Departamento de Transporte de Estados Unidos dice que las preocupaciones de seguridad han sido resueltas.

Los sistemas electrónicos de monitoreo registrarán cuántas horas están en servicio los camiones. Los choferes tendrán que someterse a exámenes de seguridad y de drogas, así como a evaluaciones de su conocimiento del idioma inglés y capacidad de leer las señales del tránsito en carreteras estadounidenses.

México tiene derecho a demandar lo mismo de los camioneros estadounidenses que ingresen a su territorio.

Sin embargo, esos requerimientos no hacen nada para resolver el debate estadounidense sobre la migración de empleos, que data de las discusiones del TLC a inicios de la década de 1990.

La cuestión es si el flujo más libre de carga a través de las fronteras estimulará los negocios y permitirá a las empresas contratar más trabajadores, o si simplemente hará que más empleos estadounidenses vayan a manos de camioneros mexicanos, que trabajan por un salario mucho menor.

El sindicato de los Teamsters expresó su indignación el miércoles. El presidente general Jim Hoffa dijo que el acuerdo era "probablemente ilegal", porque va más allá de un programa piloto previo y lo describió como "abrir la frontera a camiones peligrosos en un momento de alto desempleo y de violencia rampante del narcotráfico".

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La periodista de The Associated Press Suzanne Gamboa en Washington DC contribuyó a este despacho.