Un poco de lluvia sirvió de alivio a los bomberos que tratan de sofocar un gigantesco incendio forestal en el norte de Nuevo México, lo cual llevó que las autoridades permitieran el regreso de unas 12.000 personas evacuadas de la ciudad de Los Alamos después de casi una semana.

Los habitantes regresaron el domingo por la mañana, tocando cornetas y saludando a los bomberos mientras se corría la noticia de que se levantaron los cierres de la carretera que lleva a Los Alamos. Los habitantes huyeron el lunes en tropel mientras el incendio se acercaba rápidamente a la ciudad y a un laboratorio nuclear.

"¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!", gritó Amy Riehl, gerente asistente de un supermercado, al llegar a Los Alamos para ayudar a mantener la tienda abierta para los habitantes que regresaban.

"Da miedo, pero estuvieron listos todos los recursos esta vez. Hicieron un magnífico trabajo", dijo Michael Shields con lágrimas en los ojos mientras volvía a su apartamento en el centro del pueblo.

La última ocasión que Los Alamos fue evacuado por un incendio devastador fue en 2000, cuando quedaron destruidas 200 casas y varios negocios, y se dañaron los servicios públicos y otras empresas del condado. Esta ocasión, los residentes regresaron a un pueblo que estaba intacto por completo, aunque el fuego quemó unas 63 casas en la parte occidental del pueblo junto con 37 edificios y otras estructuras.

El fuego se inició el 26 de junio en la zona norte de Nuevo México, cuando un árbol cayó sobre las líneas eléctricas, dijeron los bomberos el domingo. Exponenciado por una excepcional temporada seca en el sureste del país y vientos erráticos, el fuego se extendió rápidamente en poco más de 300 kilómetros cuadrados (189 millas cuadradas) y estaba im 19% contenido la noche del domingo.

Aunque ha terminado la amenaza contra Los Alamos y contra el más importante laboratorio de investigación nuclear del país, el enorme incendio aún amenaza sitios sagrados indígenas.

Más de 1.600 bomberos trabajaban el fin de semana para detener el fuego de 458 kilómetros cuadrados (177 millas cuadradas) mientras quemaba la vegetación de un cañón en la reserva indígena Pueblo de Santa Clara y amenazaba con dirigirse a otros pueblos de la Meseta Pajarito.

Las tormentas eléctricas que llevaron la lluvia dominical también llegaron con algo de viento que provocó que el fuego ardiera más agresivamente en algunas áreas, aunque contuvo las llamas en el norte, dijo Brad Pitassi, vocero del comando de bomberos.

Los bomberos han logrado contener el incendio en el Cañón de Los Alamos, varios kilómetros cuesta arriba del laboratorio federal, por lo que las autoridades se mostraron más confiadas de que ya no representa una amenaza inmediata para esa instalación ni para el pueblo cercano. A eso se sumó una lluvia el sábado por la tarde que frenó el avance de las llamas.

Sin embargo, el incendio, el más grande en la historia de Nuevo México, llegó esta semana a la cuenca del Pueblo de Santa Clara, dañando una zona que la tribu considera como su lugar natal. Quemó 52 kilómetros cuadrados (20 millas cuadradas) de bosque tribal.

El jefe de operaciones de los bomberos Jerome MacDonald dijo que el fuego estaba a pocos kilómetros de las viviendas del acantilado Puye, de siglos de antigüedad y monumento histórico nacional.

Las tribus temen que las cabañas, los pueblos y las cuencas hidrográficas sean destruidas.

"También estuvimos orando de rodillas, pidiéndole al Creador en nuestra forma cultural que por favor nos perdonara, '¿Qué hemos hecho?''', dijo el alcalde del Pueblo de Santa Clara, Walter Dasheno.