Los constructores de la ciudadela incaica de Machu Picchu, al sureste de Perú, dejaron plasmados los dibujos de cóndores, alpacas y llamas en su estructura, que sólo pueden ser vistos bajo los rayos del sol y en determinadas fechas del año.

Hace más de 600 años, los artífices de la ciudadela incaica "se guiaron por los astros, las montañas y los ríos" para elegir el lugar exacto de la construcción de Machu Picchu, pues se trataba de un lugar "estratégico" para los incas, relató a Efe el investigador Zadir Milla.

De acuerdo a los vestigios hallados en Machu Picchu, uno de los principales usos de la ciudadela era el "culto a la tierra" porque en sus 1.000 metros de andenes (graderías) los incas desarrollaron un centro de investigación para el mejoramiento de semillas y cultivos, indicó Milla.

En segundo lugar, agregó el semiólogo peruano, el santuario arqueológico era "un centro de peregrinaje" donde se enseñaba el cosmos a una élite y era también "un observatorio astronómico".

"La cultura andina es cosmocéntrica, donde todo forma parte de una armonía integrada y los seres constituyen una familia", indicó Milla, autor de la investigación "El código secreto de Machu Picchu".

En tal sentido, Machu Picchu fue una escuela para que sus gobernantes se preparasen en el conocimiento del universo y la única forma de hacerlo era verlo en movimiento, entre las montañas, en las diversas estaciones del año y bajo los astros.

"Nuestros ancestros han sido tan fuera de serie, respecto a lo que sabemos, que han creado un espacio cuya imagen va cambiando en el transcurso del año", afirmó Milla.

Cuando uno ve la ciudadela arqueológica desde la altura, puede observar que la montaña de Machu Picchu tiene la forma de un cóndor con las alas abiertas, ave que en la cosmovisión andina representa al sol, el dios creador de la vida y la fecundación.

Asimismo, la parte alta del Huayna Picchu, otra montaña que rodea el lugar, tiene la forma de una llama mirando al cielo, que representa a la tierra.

"Hay un lugar dentro de la ciudadela al que le llaman las cárceles (porque parecen tres celdas de piedra) que se encuentra sobre una escultura de un cóndor elevando el vuelo, y al pie de este cóndor hay una mesa ceremonial de piedra que también refleja a la misma ave a la altura del templo a Huiracocha (dios de las varas)", indicó.

Estas imágenes pueden verse con la luz del sol del mediodía los 21 de junio, pero el templo de Huiracocha tiene también una serpiente enrroscándose, esculpida en piedra, que sólo puede verse claramente bajo el sol a partir del 30 de octubre.

Milla relató que hay otro ambiente llamado los ojos que lloran, también conocida como la sala de los espejos astronómicos, donde a través de una ventana se refleja la luz del equinoccio los días 23 de marzo, 21 de junio y 21 de septiembre.

Según el investigador, cada zona de Machu Picchu, formada por distintos templos, era visitada en distintas épocas del año y, por tal motivo, dibuja imágenes diferentes en momentos distintos.

"Son espacios de interactividad para la gente que venía", apuntó.

El templo del sol, por ejemplo, tiene una mesa ceremonial al centro, que cada 21 de junio, recibe la luz solar por una ventana que cae sobre la cabeza de una escultura de cóndor, el máximo momento en esa fecha festiva para el mundo andino.

Milla alertó, sin embargo, que la ciudadela de Machu Picchu, que el próximo 7 de julio celebrará los actos del centenario de su "descubrimiento" por el explorador estadounidense Hiram Bingham, ha perdido desde 1976 una de sus piezas escultóricas más representativas, un gran lanzón de piedra o "huanca", que marcaba el cruce de dos ejes muy importantes.

Según el investigador, la enorme pieza fue removida de la explanada de la ciudadela para que el rey Juan Carlos I aterrizara en un helicóptero para visitar Machu Picchu, pero no se colocó nuevamente en su lugar y se mantiene oculta.