El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, denunció hoy, con ocasión del vigésimo aniversario de la independencia de su país, los supuestos planes de algunos países para instigar una revolución popular en su país,

Además, acusó veladamente a Occidente de querer unificar el mundo bajo un único prisma, marginando a todo aquel país que no se someta a su dictado.

Ahora, afirmó Lukashenko, según las agencias rusas, durante la tradicional parada militar en el centro de Minsk, "tiene lugar una escalada de intervención informativa. Sin rubor alguno se manipula a la opinión pública. Ahora, lo normal es la difamación infundada y anónima con la ayuda de los medios de comunicación".

"Nosotros no fabricamos ni utilizamos armas de destrucción masiva. No patrocinamos el terrorismo o el crimen internacional. No adiestramos terroristas para la organización de revoluciones en los países vecinos. No traficamos mujeres y niños", dijo.

El líder bielorruso ataviado con uniforme militar denunció los intentos de "causar alarma e incertidumbre y minar la concordia nacional" con el fin de que los bielorrusos "se pongan de rodillas" y renuncien a su independencia.

"Superaremos todas las dificultades y las pruebas que nos han tocado", apuntó Lukashenko, considerado el último dictador de Europa.

Las fuerzas de seguridad bielorrusas tomaron extraordinarias medidas de seguridad para impedir que los opositores celebraran una nueva "protesta silenciosa" e interrumpieran el discurso de Lukashenko.

Además de acordonar la plaza con miles de efectivos, la policía colocó numerosos detectores de metales y cámaras de seguridad, y bloqueó las redes sociales, medio utilizado por los jóvenes en las últimas semanas para organizar manifestaciones antigubernamentales.

Los activistas intentaron crear nuevos grupos en la red social "Vkontakte", pero el bloqueo de los populares "Revolución a través de las redes sociales" y "Estrategia de futuro" les cogió desprevenidos.

Ambos grupos habían llamado en los últimos días a sus partidarios a manifestarse el domingo en las principales ciudades del país contra el régimen de Lukashenko, en el poder desde 1994.

El líder bielorruso advirtió el viernes que no toleraría nuevas "protestas silenciosas", aunque en éstas los opositores se mantengan callados, no pronuncien eslóganes ni ondeen pancartas antigubernamentales y se limiten a aplaudir.

Las fuerzas de seguridad detuvieron a más de medio millar de activistas en las manifestaciones silenciosas del 22 y 29 de junio, y varias decenas de ellos ya han sido condenados a hasta quince días de arresto administrativo.

Las protestas comenzaron en Biolorrusia a principios de junio, la última economía planificada de Europa que atraviesa la más profunda crisis económica de su historia que le obligó a devaluar la moneda nacional.

La falta de reformas, la caída de la competitividad y la decisión populista de Lukashenko de aumentar los salarios de los funcionarios y las pensiones en vísperas de las elecciones presidenciales de diciembre son apuntadas como causas del estancamiento económico.

La sempiterna ausencia de libertades democráticas sumada al desplome del poder adquisitivo de la población y a unos índices de inflación y desempleo nunca conocidos en este país han sido el detonante de las recientes protestas populares.