Tras años de historias sobre hombres sentenciados por crímenes que no cometieron y de personas que exigían la ejecución de quienes habían asesinado a sus seres queridos, el final de la pena de muerte en Illinois llegó el viernes discretamente, cuando entró en efecto una propuesta que prohibe su aplicación.

Esa iniciativa fue firmada sin mucha alharaca por el gobernador Pat Quinn, quien conmutó subsecuentemente las sentencias de los 15 hombres que estaban en el pabellón de los condenados a muerte, por cadenas perpetuas sin la posibilidad de obtener la libertad condicional. Catorce de esos presos han sido llevados a prisiones de máxima seguridad en el estado, mientras que uno estaba en una cárcel de seguridad mediana, que cuenta con un centro de atención psiquiátrica.