El embajador de Estados Unidos en Honduras, Hugo Llorens, se despidió hoy rindiendo un homenaje al presidente del país centroamericano, Porfirio Lobo, por su "amistad incondicional", en una ceremonia anticipada a la conmemoración de los 235 años de la independencia estadounidense, el próximo día 4.

Llorens destacó en su discurso, pronunciado en la residencia de la embajada de Estados Unidos, las diferentes facetas políticas y sociales que le tocó vivir en Honduras, incluida la crisis por el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 al entonces presidente, Manuel Zelaya, aunque sin entrar en detalles sobre esos hechos.

El diplomático inició destacando la independencia de los Estados Unidos, con lo que dijo que nació "una revolución que transformó el mundo", aunque, agregó, "no trajo una sociedad perfecta, pero ha luchado para ampliar el sentido de la vida y la libertad".

Sobre Honduras y sus problemas en materia de desempleo, pobreza, violencia e inseguridad, Llorens subrayó que "no hay una varita mágica" para resolverlos ni liberar a Honduras de ideologías extrañas, de algunas de las cuales dijo que son "fracasadas reliquias del siglo pasado".

Dijo que los hondureños deben trabajar unidos y desarrollar la confianza entre todos ellos.

"Los hondureños por sí mismos tienen el poder", expresó Llorens, quien además señaló que Honduras y Estados Unidos comparten "valores e intereses comunes", aunque a veces ambos países pueden tener diferencias.

Llorens indicó que estaba "complacido" de trabajar con el Gobierno de Porfirio Lobo en una gama de programas sociales a favor de los hondureños.

El diplomático también elogió a Lobo por su vocación democrática y su voluntad política de reconciliación entre los hondureños y por haber logrado que se suspendiera el aislamiento de la comunidad internacional tras la crisis política de 2009.

Entre otros aspectos, señaló que en materia de seguridad ciudadana la ayuda de Estados Unidos a Honduras pasó de medio millón a 30 millones de dólares en los últimos tres años.

"Siempre opten por el amor y la reconciliación", enfatizó Llorens, quien la próxima semana regresa a su país a cumplir una nueva misión y será sustituido en Honduras por Lisa Kubiske.

Llorens calificó al presidente hondureño "como un verdadero amigo y gran aliado de nuestro país", y cerró su intervención con un homenaje a Lobo otorgándole como muestra una bandera de los Estados Unidos.

El obsequio, dijo Llorens, es "como fiel testimonio de Estados Unidos hacia el extraordinario liderazgo y su amistad incondicional con Estados Unidos de América".

Lobo, por su parte, destacó la democracia de los Estados Unidos y su lucha de la independencia, y dijo que el embajador Llorens es "un gran amigo de Honduras".

El gobernante subrayó que a Llorens "le tocó vivir una encrucijada de nuestro ardiente proceso democrático".

Agregó que, durante la crisis derivada de la separación del poder de Zelaya, Llorens permaneció todo el tiempo en Tegucigalpa "con todos los hondureños", soportando "la furia del vendaval que nos sacudió".

Lobo también recordó las gestiones de mediación que Llorens hizo con diferentes sectores sociales hondureños durante la crisis política de 2009 y su contribución para que el país centroamericano incluso culminara el proceso electoral de ese año.

"Usted luchó por la paz de nuestra nación", le expresó Lobo al embajador Llorens.

A la recepción asistieron exfuncionarios de Zelaya y del Gobierno de Lobo, los expresidentes Rafael Callejas, Ricardo Maduro y Carlos Flores, políticos, empresarios, militares y diplomáticos, entre otros.