Los Toreros Muertos, una de las bandas más míticas de la movida madrileña de los años ochenta, ofrecen este viernes un concierto en Bogotá casi veinte años después de que sus integrantes decidieran tomar caminos separados.

"Nos sentimos muy vivos, creemos que la música que hacemos ha vuelto a tener importancia en cuanto a la radicalidad de nuestra propuesta artística, divertida, sarcástica y un poco paródica de todas las bandas que hemos conocido", afirmó hoy el vocalista Pablo Carbonell durante una rueda de prensa en la capital colombiana.

El grupo surgido en 1985, en pleno auge del movimiento contracultural conocido como "La movida madrileña", se disolvió en 1992 dejando tras de sí melodías como "Mi agüita amarilla", "Yo no me llamo Javier" o "Ya están aquí".

No hubo mayores noticias de la formación hasta que en 2007 lanzaron un disco recopilatorio que se acompañó de una serie de conciertos para promocionarlo.

"Nunca pensamos que esta broma que hicimos en un bar de Madrid iba a cruzar el charco para venir aquí a tocar", apuntó hoy Carbonell, para quien la filosofía del grupo sigue siendo la misma, tan sólo se han cambiado algunos ritmos para hacerlos más asequibles y divertidos.

Los Toreros Muertos tocarán alrededor de veinte canciones este viernes en la sala Theatron de Bogotá, junto al grupo colombiano The Mills; y el próximo lunes lo harán en el parque Simón Bolívar, en el marco del festival Rock al Parque.

"Lo del Rock al Parque va a ser un 'coptus interruptus'", en cambio la actuación en el Theatron "será un completo, la satisfacción plena", explicó Carbonell con su habitual tono humorístico y al matizar que este segundo concierto será de sólo 50 minutos.

Aún así, invitó a todo el mundo a acudir a las dos actuaciones ya que, bromeó: "después de un concierto de los Toreros Muertos la ropa te sienta mucho mejor, has perdido peso, estás mucho más guapo, estás mucho más sexy y, en general, todo el mundo opina que el nivel económico y social ha aumentado".