Cientos de miles de profesores y trabajadores del sector público británicos cambiaron el jueves las aulas y las oficinas por los piquetes de huelga en lo que es el primer ensayo de lo que los sindicatos esperan sea un verano de descontento contra los planes de austeridad del gobierno liderado por los conservadores.

Los operadores aeroportuarios habían advertido que podría haber largas colas en los puntos de entrada de inmigración debido a huelgas de los funcionarios encargados de los pasaportes, pero la mayoría de los aeropuertos británicos, incluyendo Manchester y Heathrow, en Londres, reportaron normalidad.

Un líder sindical calculó que más de 500.000 profesores y funcionarios públicos se unieron a la huelga de un día, que afectó a juzgados, oficinas fiscales, centros de empleo y escuelas. El gobierno calculó unos 100.000 huelguistas, aunque su cifra no incluye a los profesores, cuyo paro hizo cerrar o perturbó a 11.000 escuelas en Inglaterra y Gales.

"Esta es la huelga con más apoyo que hemos tenido nunca", dijo el líder sindical Mark Serwotka al noticiero Channel 4 News.

Sin embargo, el gobierno puso en duda las afirmaciones y dijo que la huelga no tuvo tanto apoyo como aseguran los sindicatos.

"Muy pocos funcionarios querían esta huelga", dijo el ministro de la Oficina del Gabinete, Francis Maude, en un comunicado.

Pequeños grupos de manifestantes anticapitalistas se enfrentaron con la policía mientras la marcha se acercaba al Parlamento y fueron acordonados por oficiales. La policía dijo que 41 personas habían sido arrestadas en las últimas 24 horas, aunque las manifestaciones fueron mayoritariamente pacíficas.

El gobierno insiste en que todos deben compartir el dolor mientras recorta 80.000 millones de libras (130.000 millones de dólares) del gasto público para reducir el enorme déficit de Gran Bretaña, crecido después de que el gobierno gastó miles de millones para rescatar a los bancos que se iban a pique.

Las autoridades están reduciendo el número de puestos de trabajo de la administración pública y los beneficios, aumentando la edad de pensión estatal de 65 a 66 años, incrementando el monto que los empleados del sector público contribuyen a las pensiones y reduciendo sus pagos de jubilación.

Pero Gran Bretaña no es Grecia, cuya agobiante crisis de la deuda ha llevado a violentas protestas. La economía británica sigue siendo débil a medida que emerge de la recesión, pero el estado de ánimo general es de aprensión en lugar de ira.

Por la mañana, Serwotka dijo que los funcionarios estaban esquivando los verdaderos temas.

"Es hora de que el gobierno se comprometa adecuadamente", dijo. "Ha demostrado que no está dispuesto a moverse en ninguno de los problemas centrales: que los trabajadores del sector público tendrán que trabajar hasta ocho años más, que miles de empleos están en juego, que las pensiones más bajas van a costar tres veces más, y que los pagos se congelan mientras la inflación se dispara".

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David Stringer contribuyó a este reporte.

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Jill Lawless está en twitter como http://twitter.com/JillLawless