La ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, afirmó hoy ver "voluntad" en el presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Ngema, para dar pasos en favor de la democracia y de la estabilidad política del país.

Jiménez llegó a esta conclusión al término de su visita a Malabo, la primera que hace como jefa de la diplomacia española, durante la que fue recibida por Obiang y asistió a la cumbre de la Unión Africana (UA).

En declaraciones a Efe-TV, Jiménez aseguró que en su cita con Obiang, le ofreció seguir manteniendo una amistad preferente entre los dos países, a pesar de la desconfianza que ha salpicado la relación desde que Guinea dejó de ser colonia española en 1968.

Según Jiménez, esta colaboración es "la mejor manera de ayudar" al país africano "a salir adelante y a consolidar su desarrollo económico y la estabilidad política".

La ministra valoró la reforma constitucional puesta en marcha por Obiang, que incluye medidas como acortar el mandato presidencial, de siete a cinco años, sólo renovable una vez, y crear un organismo que luche contra la corrupción.

"Sí veo que al menos se ha hecho un gesto, en el sentido de elaborar un documento de reforma política y que se lleve al Parlamento", manifestó Jiménez.

Obiang, quien lleva en el poder desde 1979, cuando derrocó a su tío, Francisco Macías, en un golpe de Estado, logró la reelección en las elecciones celebradas en noviembre de 2009 con el 95 por ciento de los votos.

El único diputado de la oposición en la Asamblea unicameral,de cien escaños, es Plácido Micó, del partido Convergencia para la Democracia Social (CPDS), quien ve insuficiente la reforma.

Después de asistir a la cumbre de la UA y antes de abandonar Malabo, Jiménez se entrevistó con Micó en la residencia del embajador español para expresarle el compromiso de España de ayudar a Guinea Ecuatorial a mejorar su democracia.

La titular de Exteriores justificó su reunión con Micó para tener una "visión más completa", si bien hizo hincapié en que aprecia una voluntad de aperturismo por parte del régimen.

Después de verse con Obiang, Jiménez mantuvo un encuentro con su colega de Exteriores, Pastor Michá, en la nueva sede de la embajada de España en Malabo.

En su discurso ante los invitados, Michá calificó de "indestructible" la "solidez" de los lazos históricos, culturales y lingüísticos que unen a las dos naciones y la "excelencia" de su amistad.

Michá garantizó que su Gobierno está "empeñado" en potenciar aún más la relación para hacerla más "madura" y situarla "a la altura de los tiempos", aunque reclamó el mismo compromiso de la otra parte.

"En Guinea Ecuatorial, pensamos que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan, pero desgraciadamente, no sé si en España se comparte este sentimiento", confesó.

Michá reconoció el esfuerzo que el anterior ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, hizo para situar la relación en un nivel más alto, después de la tirantez que caracterizó a la última etapa del Gobierno de José María Aznar.

Moratinos viajó a Guinea Ecuatorial en julio de 2009 con una amplia delegación de empresarios y parlamentarios.

En aquella visita, se comprometió con Obiang a abrir una nueva página y cerrar las discrepancias que ha habido en las últimas cuatro décadas con la antigua metrópoli.

El mandatario ecuatoguineano aceptó el "borrón y cuenta nueva", aunque sin dejar de denunciar los intentos golpistas urdidos desde España para derrocarle o el "juego sucio" de la prensa española en general.

Pocos meses después, Moratinos reconoció su "decepción" al no haber cumplido Obiang algunas de sus promesas, como las de permitir que hubiera observadores españoles en los últimos comicios.

El Gobierno español siempre ha considerado el respeto de los derechos humanos una parte de la relación con Guinea, que sigue aplicando la pena de muerte.

España cree que este diálogo crítico ha de ser coherente con las demás políticas, incluida la económica.

En los dos últimos años, las exportaciones han ido creciendo, alcanzando en 2009 los 190 millones euros.

Sin embargo, las empresas españolas apenas han podido sacar tajada del negocio del petróleo y del gas, que dominan en su mayor parte compañías estadounidenses.

Sólo Unión Fenosa, que participa en un proyecto de gas, y Repsol YPF, que pose derechos de exploración de yacimientos, tienen peso en el mercado de los hidrocarburos.

Carlos Pérez Gil