El Tour de Francia que empieza el sábado será uno de los más montañosos de los últimos años, con 23 puertos de al menos segunda categoría y cinco llegadas en alto, entre ellas la del Alpe d'Huez, la mítica montaña de las 21 curvas que se subirá dos días antes del final.

Junto con la contrarreloj de Grenoble, esa escalada servirá de juez último de un Tour de Francia en el que habrá menos kilómetros cronometrados y, por tanto, más espacio para que los escaladores muestren su talento.

Alpe d'Huez será la culminación de una ronda gala que irá en dificultad progresiva, para acabar en una última semana con el macizo alpino como elemento decisivo y diez puertos a escalar.

En esa decisiva semana, el pelotón comenzará con una etapa de media montaña culminada con el ascenso al Col de Manse, de segunda categoría, a diez kilómetros de la meta.

La cosa se complica al día siguiente con tres dificultades montañosas, incluido Sestrières, de primera categoría, antes de afrontar Pramartino, una cima de segunda situada a ocho kilómetros del final.

Sin descanso, los ciclistas tendrán que ponerse manos a la obra en dos de las etapas más duras del Tour. La décimo octava, con final en el Galibier por la cara de Serre-Chevalier, la más larga y menos dura, 23 kilómetros al 5,1 %.

Esa cima será una de las estrellas de la edición, cuando se cumple un siglo de su primer ascenso. Por eso, el Galibier será por vez primera en la historia del Tour meta de una etapa y se convertirá en el techo de la prueba centenaria para una llegada, con sus 2.645 metros.

Antes, los ciclistas habrán tenido que dejar buena parte de sus fuerzas en los terribles Col d'Agnel y el Izoard.

Al día siguiente se vivirá la etapa reina, con el Galibier y el Alpe d'Huez como principales dificultades.

Primero se subirá el Télégraphe, luego el Galibier por su cara más dura y corta, 16,7 kilómetros al 6,8 %, pero que se afrontará sin apenas reposo del col anterior, con una pendiente media del 7,1%.

Finalmente llegan los 14 kilómetros del Alpe d'Huez y casi un 8 % de desnivel, el último obstáculo montañoso de la edición.

Esa semana llegará tras otras dos de dura competición en las que los ciclistas tendrán que vérselas en muchas ocasiones con las cuestas.

De entrada, la octava etapa acaba pocos kilómetros después de haber ascendido la Croix Saint-Robert, de segunda categoría y con desnivel medio del 5,5 por ciento. La meta también está sobre un puerto de tercera.

La segunda etapa del macizo central cuenta tres puertos de segunda y la meta en uno de cuarta.

Tres días más tarde, los Pirineos vivirán la primera de sus tres citas con la montaña, con un total de nueve cimas de al menos segunda categoría.

La primera cita con el macizo pirenaico acaba en Luz Ardidén y sus trece kilómetros al 7,4 % de desnivel. Antes habrán ascendido la Hourquette d'Ancizan, de primera, y el mítico Tourmalet, con sus 17 kilómetros al 7,3 %.

Las siguiente etapa será más de desgaste que decisiva, con la subida al Aubisque pero a 40 kilómetros de la meta en Lourdes.

Falta el último capítulo pirenaico con meta en Plateau de Beille y sus 16 kilómetros al 7,9 %, tras haber subido antes dos puertos de primera, el col de la Core y el de Agnes.

Luego los Alpes y la fase decisiva, el veredicto que colgará de las rampas del Alpe d'Huez.